
La casa en el año 1928.
La reconstrucción que se ha hecho de la Casa de Iván de Vargas, para ser utilizada como biblioteca municipal, no debe ocultar el dramatismo que supuso la pérdida del primitivo caserón señorial, ubicado entre las calles del Doctor Letamendi y de San Justo.
Fue un derribo especialmente doloroso, no sólo porque se produjo hace tan sólo nueve años, en un momento en el que se supone que la defensa del patrimonio está completamente garantizada, sino porque tuvo como protagonista al propio Ayuntamiento de Madrid, que no fue lo suficientemente diligente para detener el proceso de ruina que afectaba al inmueble.
Y eso que éste se encontraba en pleno Madrid de los Austrias, donde tienen su sede un buen número de dependencias consistoriales, a la vista de funcionarios, técnicos y políticos.

Un poco de historia
La casa fue construida en el siglo XVI sobre los restos de un viejo edificio medieval, donde, entre los siglos XI y XII, vivió Iván de Vargas, al que, según la tradición, sirvió como criado San Isidro.
En los siglos XVII y XVIII, fue objeto de diferentes transformaciones, que afectaron, sobre todo, a la fisonomía de la fachada principal, que daba a la actual Calle del Doctor Letamendi.
Fruto de aquellas obras fue la conversión de las ventanas originales en balcones de forja artesanal, con especial mención a la hermosa rejería situada justo encima de la portada de acceso, de forma curvada.
Los primitivos blasones tardomedievales que decoraban los muros fueron recolocados, al tiempo que se instalaron otros nuevos, de factura barroca, dando lugar a una distribución asimétrica de los escudos heráldicos, muy poco frecuente en las casas señoriales.

En el siglo XIX la propiedad pasó a manos del Doctor Letamendi, un prestigioso médico de proyección literaria y musical, que ha dado nombre a la pequeña vía donde se ubicaba la entrada, antes conocida como Costanilla de San Justo o como Calle de Tentetieso, por su fuerte pendiente.
Ya en el siglo XX, otro científico, el Doctor Forns, pariente de aquel, intentó que la casa tuviera un uso museístico, sin demasiada fortuna.
En la década de los cincuenta, fue derribada la parte del inmueble que daba a la Calle de San Justo, para abrir una pequeña explanada frente a la Basílica Pontifica de San Miguel.
En realidad, esta intervención formaba parte de un proyecto mucho más ambicioso, de carácter historicista, que contemplaba el traslado de la portada gótica del antiguo Hospital de la Latina y levantar, alrededor de ella, una nueva fachada para la Casa de Iván de Vargas. Sólo pudo actuarse sobre las medianerías liberadas.
En 1994, el caserón fue declarado en ruinas, a instancias de la familia Forns Letamendi, su propietaria en aquel entonces. En 1995 se procedió a la demolición de los elementos más dañados y al apuntalamiento de los que aún podían resistir.
En 1998, el Ayuntamiento de Madrid adquirió la finca por un importe de 2,1 millones de euros y, un año después, la cedió a la Fundación Nuevo Siglo, constituida como foro de debate para el desarrollo urbano y la conservación del patrimonio arquitectónico madrileño.

En 2002, se optó por tirar completamente el edificio, tras considerarse inviable su rehabilitación, pese a encontrarse incluido dentro del Catálogo de Elementos Protegidos, con el nivel de protección estructural, el máximo posible.
Según explicó el arquitecto Ramón Andrada, su arruinamiento era tal que "no se podía mantener en pie", ni siquiera la fachada. El derribo se llevó a cabo sin licencia municipal, en pleno verano, con el entonces alcalde, José María Álvarez del Manzano, de vacaciones.
El nuevo edificio
La Casa de Iván de Vargas ha sido reemplazada por un edificio de 2.884 metros cuadrados de superficie, destinado enteramente a biblioteca, en el que se distinguen dos partes desde el punto de vista arquitectónico.
En la fachada que da la Calle del Doctor Letamendi, se ha intentando reconstruir el aspecto que tenía el viejo caserón renacentista. Incluso se han utilizado algunas piezas primitivas, caso de tres escudos heráldicos, que han regresado a su lugar de origen convenientemente restaurados.
Sin embargo, no ha corrido la misma suerte la portada original, que ha sido sustituida por una moderna reproducción.


Arriba, una fotografía histórica con la portada original (www.entredosamores.es). Abajo puede verse la actual réplica de la portada.
Mucho más lamentable resulta la desaparición del valioso escudo renacentista que había en el dintel de la portada, del que no sabemos absolutamente nada.
No sólo no ha sido replicado, sino que su sitio lo ocupa ahora una placa que antes no existía, donde aparece un adorno esquemático, junto con el nombre de la calle en la que se levanta el inmueble (esto es, la del Doctor Letamendi).

Imagen histórica con el escudo renacentista que ha desaparecido (www.madridhistorico.com).
A este respecto, recuperamos las palabras que, en el año 2002, poco después de la demolición, pronunció la concejala de IU, Inés Sabanés, y que ahora adquieren pleno significado: "siempre dicen que se va a reconstruir tal y como estaba, pero en las condiciones que se llevaban las rejas y escudos en los contenedores, dudo mucho de que puedan hacerlo".
Por su parte, la fachada que da a la Calle de San Justo se aleja de cualquier intento de reconstrucción histórica y plantea una moderna solución volumétrica, cuyo encaje frente a la Basílica de San Miguel resulta difícil de digerir, aunque hay voces que defienden enérgicamente el resultado final.

Escultura instalada en 2011, junto a la fachada de la Calle de San Justo de la nueva biblioteca.
En referencia al interior, se han respetado los huecos correspondientes a los dos antiguos patios de la casa original.
En uno de ellos, se exhibe el brocal de un antiguo pozo, donde hay labrada una imagen de San Isidro que, por sus rasgos esquemáticos, puede datarse en la Edad Media. Se recupera así otro de los pozos milagrosos del santo, que hasta ahora se había mantenido inaccesible.
Junto al pozo, yacen una basa y un capitel renacentista. La pregunta es inmediata: ¿es lo único que nos queda del primitivo patio renacentista o había otros restos, desaparecidos con los escombros?

Del interior también destacamos el magnífico ventanal, de más de dos plantas de altura, desde el cual puede contemplarse una espectacular vista de la fachada principal de la Basílica Pontificia de San Miguel.
Fue un derribo especialmente doloroso, no sólo porque se produjo hace tan sólo nueve años, en un momento en el que se supone que la defensa del patrimonio está completamente garantizada, sino porque tuvo como protagonista al propio Ayuntamiento de Madrid, que no fue lo suficientemente diligente para detener el proceso de ruina que afectaba al inmueble.
Y eso que éste se encontraba en pleno Madrid de los Austrias, donde tienen su sede un buen número de dependencias consistoriales, a la vista de funcionarios, técnicos y políticos.

Un poco de historia
La casa fue construida en el siglo XVI sobre los restos de un viejo edificio medieval, donde, entre los siglos XI y XII, vivió Iván de Vargas, al que, según la tradición, sirvió como criado San Isidro.
En los siglos XVII y XVIII, fue objeto de diferentes transformaciones, que afectaron, sobre todo, a la fisonomía de la fachada principal, que daba a la actual Calle del Doctor Letamendi.
Fruto de aquellas obras fue la conversión de las ventanas originales en balcones de forja artesanal, con especial mención a la hermosa rejería situada justo encima de la portada de acceso, de forma curvada.
Los primitivos blasones tardomedievales que decoraban los muros fueron recolocados, al tiempo que se instalaron otros nuevos, de factura barroca, dando lugar a una distribución asimétrica de los escudos heráldicos, muy poco frecuente en las casas señoriales.

En el siglo XIX la propiedad pasó a manos del Doctor Letamendi, un prestigioso médico de proyección literaria y musical, que ha dado nombre a la pequeña vía donde se ubicaba la entrada, antes conocida como Costanilla de San Justo o como Calle de Tentetieso, por su fuerte pendiente.
Ya en el siglo XX, otro científico, el Doctor Forns, pariente de aquel, intentó que la casa tuviera un uso museístico, sin demasiada fortuna.
En la década de los cincuenta, fue derribada la parte del inmueble que daba a la Calle de San Justo, para abrir una pequeña explanada frente a la Basílica Pontifica de San Miguel.
En realidad, esta intervención formaba parte de un proyecto mucho más ambicioso, de carácter historicista, que contemplaba el traslado de la portada gótica del antiguo Hospital de la Latina y levantar, alrededor de ella, una nueva fachada para la Casa de Iván de Vargas. Sólo pudo actuarse sobre las medianerías liberadas.
En 1994, el caserón fue declarado en ruinas, a instancias de la familia Forns Letamendi, su propietaria en aquel entonces. En 1995 se procedió a la demolición de los elementos más dañados y al apuntalamiento de los que aún podían resistir.
En 1998, el Ayuntamiento de Madrid adquirió la finca por un importe de 2,1 millones de euros y, un año después, la cedió a la Fundación Nuevo Siglo, constituida como foro de debate para el desarrollo urbano y la conservación del patrimonio arquitectónico madrileño.

En 2002, se optó por tirar completamente el edificio, tras considerarse inviable su rehabilitación, pese a encontrarse incluido dentro del Catálogo de Elementos Protegidos, con el nivel de protección estructural, el máximo posible.
Según explicó el arquitecto Ramón Andrada, su arruinamiento era tal que "no se podía mantener en pie", ni siquiera la fachada. El derribo se llevó a cabo sin licencia municipal, en pleno verano, con el entonces alcalde, José María Álvarez del Manzano, de vacaciones.
El nuevo edificio
La Casa de Iván de Vargas ha sido reemplazada por un edificio de 2.884 metros cuadrados de superficie, destinado enteramente a biblioteca, en el que se distinguen dos partes desde el punto de vista arquitectónico.
En la fachada que da la Calle del Doctor Letamendi, se ha intentando reconstruir el aspecto que tenía el viejo caserón renacentista. Incluso se han utilizado algunas piezas primitivas, caso de tres escudos heráldicos, que han regresado a su lugar de origen convenientemente restaurados.
Sin embargo, no ha corrido la misma suerte la portada original, que ha sido sustituida por una moderna reproducción.


Arriba, una fotografía histórica con la portada original (www.entredosamores.es). Abajo puede verse la actual réplica de la portada.
Mucho más lamentable resulta la desaparición del valioso escudo renacentista que había en el dintel de la portada, del que no sabemos absolutamente nada.
No sólo no ha sido replicado, sino que su sitio lo ocupa ahora una placa que antes no existía, donde aparece un adorno esquemático, junto con el nombre de la calle en la que se levanta el inmueble (esto es, la del Doctor Letamendi).

Imagen histórica con el escudo renacentista que ha desaparecido (www.madridhistorico.com).
A este respecto, recuperamos las palabras que, en el año 2002, poco después de la demolición, pronunció la concejala de IU, Inés Sabanés, y que ahora adquieren pleno significado: "siempre dicen que se va a reconstruir tal y como estaba, pero en las condiciones que se llevaban las rejas y escudos en los contenedores, dudo mucho de que puedan hacerlo".
Por su parte, la fachada que da a la Calle de San Justo se aleja de cualquier intento de reconstrucción histórica y plantea una moderna solución volumétrica, cuyo encaje frente a la Basílica de San Miguel resulta difícil de digerir, aunque hay voces que defienden enérgicamente el resultado final.

Escultura instalada en 2011, junto a la fachada de la Calle de San Justo de la nueva biblioteca.
En referencia al interior, se han respetado los huecos correspondientes a los dos antiguos patios de la casa original.
En uno de ellos, se exhibe el brocal de un antiguo pozo, donde hay labrada una imagen de San Isidro que, por sus rasgos esquemáticos, puede datarse en la Edad Media. Se recupera así otro de los pozos milagrosos del santo, que hasta ahora se había mantenido inaccesible.
Junto al pozo, yacen una basa y un capitel renacentista. La pregunta es inmediata: ¿es lo único que nos queda del primitivo patio renacentista o había otros restos, desaparecidos con los escombros?

Del interior también destacamos el magnífico ventanal, de más de dos plantas de altura, desde el cual puede contemplarse una espectacular vista de la fachada principal de la Basílica Pontificia de San Miguel.

No sabia lo del pozo. Solo conocia el pozo del Museo de San Isidro. Felicidades por el reportaje, muy interesante.
ResponderSuprimirHola Manuel A.:
ResponderSuprimirSobre los pozos de San Isidro, a mí me consta que se conservan en Madrid al menos cuatro pozos atribuidos al santo, bien en su calidad de pocero (además de labrador, la tradición afirma que practicó este oficio), bien por su famoso milagro del rescate de su hijo.
Próximamente publicaremos un post sobre este tema de los pozos, que no deja de ser curioso.
Saludos y gracias, Jesús
Jesús, ¡me has pisado el post! :-)
ResponderSuprimirEn serio, tengo unas ganas enormes de ir a ver qué tal ha quedado todo, por lo visto en tu atículo y en los periódicos, no se puede decir que no haya quedado estupendamente, pero no es eso... lo malo es lo que se ha perdido en el camino.
Utilizas una palabra muy apropiada, "doloroso". Aún recuerdo aquello, recién derribado el edificio, las rejas de los balcones colgando de unos restos... desgraciadamente aquel verano no tenía cámara de fotos.
enhorabuena y gracias por el completísimo post.
Hola Mercedes!! Tú los ha dicho muchas veces en tus artículos: con cada reforma, con cada intervención... algo se va perdiendo en el camino. Por favor, no dejes de publicar ese post, tus aportaciones y puntos de vista son sumamente deliciosos.
ResponderSuprimirUn abrazo, Jesús
Bueno Jesús, a Mercedes le pisas el post, a mi me quitas el placer de descubrirlo in situ, ¡eres malvado y perverso!, si no fuera porque lo haces divinamente...
ResponderSuprimirSinceramente, lo que nos muestras, no me disgusta. Démonos con un canto en los dientes, el natural instinto de nuestros equipos técnicos sería haber construido un cubo super fashion en mitad de los Austrias, y tan panchos.
A ver si el viernes puedo hacer esa visita obligada.
Buen artículo Jesús, gracias.
Un abrazo
Hola Manuel. El interior de la biblioteca es precioso: mucha luz, maderas nobles, espacios amplios, bellas escaleras... Debes visitarlo. Ta va a encantar.
ResponderSuprimirLo que me duele es el patrimonio histórico-artístico desaparecido. Era una casa de origen renacentista, con dos patios (con sus columnas, capiteles...) y, de eso, no queda nada (o casi nada). Y no hablo sólo de la demolición de 2002, sino de décadas y décadas de desidia municipal que provocaron el arruinamiento al que se llegó.
Un abrazo y muchas gracias, Jesús
Algún dia habrá que recordar a ALvarez del Manzano como el piquetero mayor del Reino. Toda la piqueta que se ha metido en el casco histórico la metió el, la Pagoda de Fisec la tiró el y esto también. No se trata de política, se trata de decir las cosas. Y no quiero decir nada Arias Navarro como el palacio de los Duques de Medinaceli (centro Colón), y un largo etcetera. Una pena.
ResponderSuprimirA mí me dolió especialmente la desaparición de valiosísimos restos arqueológicos que aparecieron en el subsuelo de la Plaza de Oriente, como los sótanos (hablamos de estancias enteras, no de simples vestigios) de la Casa del Tesoro. Y oír declaraciones del tipo: "eran sólo piedras". Pero, en general, esta ciudad ha tenido muy mala suerte con sus gobernantes: llevamos perdiendo patrimonio décadas y décadas.
ResponderSuprimirMuchas gracias por el comentario. Un abrazo, Jesús
Lamento deciros que el milagro del pozo fue una invención de Jaime Bleda quien fue el primero que lo publicó en su libro en 1622, a raíz de la canonización del beato Isidro. Simultáneamente hizo mención de muchos datos no demostrables (el no refiere las fuentes de donde los tomó. Estos otros "datos" son: la intervención de las Virgenes de Atocha y de la la Almudena, el nombre de Iván de Vargas como patrón de Isidro, quen Isidro resucitó a la hija de Iván, hacer coincidir a Isidro con el rústico que intervino en Las Navas de Tolosa, milagro que dice estar reproducido en el arca mosaica y que lamentablemente no podemos demostrar. Estos "datos" no se encuentran en el Códice de Isidro (mal llamado de Juan Diácono), y por lo tamto no pueden considerarse como verídicos.
ResponderSuprimirHola Anónimo:
ResponderSuprimirGracias por todos los datos que nos brindas, que nos parecen sumamente enriquecedores. De verdad, son una gran aportación.
Desde este blog, siempre hemos tomado con mucha cautela todos los relatos de milagros y hechos extraordinarios. Siempre que hemos hablado de ellos, ha sido enfatizando su dimensión cultural, social y artística.
De nuevo, muchas gracias. Un saludo, Jesús
Con frecuencia, estos casos de edificios "imposibles de reconstruir" son realmente negocios que se hacen para robar las piedras viejas. ¿Quién va a creer sinceramente que los escudos de esta casa terminaron en un basurero y no en el salón de algún sinvergüenza relacionado con la demolición?
ResponderSuprimirHola Anónimo:
ResponderSuprimirLamentablemente creo que tienes razón. Cuando no hay transparencia en las actuaciones de las administraciones públicas, se da lugar a "pensar mal". Y, completando el refrán, "acertarás".
Gracias!!!