lunes, 19 de noviembre de 2012

El Palacio de Santa Cruz (2): descripción

El Palacio de  Santa Cruz siempre ha sido objeto de admiración por parte de los viajeros extranjeros que llegaban a Madrid. En 1665, el francés Antonio de Brunel dijo que "no hay edificio en esta ciudad que parezca más hermoso que la Cárcel", opinión que, años después, en 1691, ratificaría su compatriota Marie Catherine d'Aulnoy.



Durante los siglos XVIII y XIX, el Palacio de Santa Cruz estuvo atribuido a Juan Bautista Crescenzi (1577-1635), un arquitecto romano que llegó a España en 1617, con excelentes recomendaciones por parte de la curia vaticana, para trabajar en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial y en el Buen Retiro.

Este error tal vez estuviese motivado por la presencia de rasgos renacentistas italianos en la construcción, aunque cayó por su propio peso ante la evidencia de una obra marcadamente castiza, donde se utilizan modelos típicos del llamado Palacio de los Austrias.

Es más. Podría decirse que estamos ante el ejemplo más representativo de este arquetipo arquitectónico, que queda definido por un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares con chapiteles, en la línea escurialense.


Patio oriental. Fuente: Ayuntamiento de Madrid.

Patios interiores

El edificio se articula a partir de dos patios interiores. Esta duplicidad no fue un invento de Gómez de Mora, sino que contaba con varios precedentes, como el Palacio de los Consejos (en el que él mismo trabajó, bajo las órdenes de su tío, Francisco de Mora) y, fundamentalmente, el Real Alcázar, tras la reforma realizada por Juan Bautista de Toledo.

Dibujo anónimo. Hacia 1830.

La gran novedad que introdujo Gómez de Mora fue la simetría de los dos claustros. Se trata de dos espacios cuadrados, de cuatro por cuatro intercolumnios, con dos alturas de arcos de medio punto y con remates de mascarones en el ático.

Las dos plantas quedan separadas por una sencilla línea de imposta, mientras que, en la parte superior, un friso dórico recorre todo el entablamento. Las columnas son de orden toscano, con fuste liso, de clara influencia herreriana.

La linealidad de esta composición queda rota por la escalera, que se encaja dentro del eje que sirve de unión a los dos patios. Se incorpora así un elemento de dinamismo y ligereza, que denota el nuevo lenguaje barroco de la época.


Fuente: Archivo Moreno, Ministerio de Cultura. Segundo tercio del siglo XX. 

Tal vez el gran fallo del edificio sea la existencia de numerosos espacios perdidos, sin duda, un fuerte condicionante para la función administrativa para la que fue diseñado. Debe tenerse en cuenta que los dos claustros y las galerías de circulación ocupan la mayor parte de la superficie. 

Gómez de Mora lo concibió de esta manera porque, en aquellos momentos, los espacios perdidos eran una señal inequívoca de poder y riqueza. Este planteamiento ha motivado continuas intervenciones en el tiempo, incluso poco después de darse por acabado el edificio.


Fuente: 'La Ilustración española y americana'. Año 1881.

Una de las más recientes fue la llevada a cabo en 1932, cuando se cubrieron los dos patios interiores mediante una estructura metálica acristalada, a propuesta de Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba y ministro de Estado.

Aunque también ha habido iniciativas que han buscado el mero embellecimiento. En los años 1878 y 1879, al poco tiempo de establecerse el Ministerio de Ultramar en las dependencias del palacio, fueron colocadas sendas esculturas en los patios.

Una representaba a Cristóbal Colón (abajo a la derecha) y fue hecha por el escultor gallego Juan Sanmartín. La otra, que rendía homenaje a Juan Sebastián Elcano (a la izquierda), fue labrada por el artista madrileño Ricardo Bellver, el célebre autor de El ángel caído.


Ninguna de estas estatuas se encuentra ahora en el Palacio de Santa Cruz (la de Elcano fue trasladada a la localidad guipuzcoana de Guetaria y la de Colón ha desaparecido). Pese a ello, los patios son conocidos actualmente con los nombres de ambas personalidades.

Fachada principal

La fachada no sólo sintetiza la tipología imperante en la arquitectura palaciega del Madrid de los Austrias, sino que da un paso más allá por su belleza cromática. El rojo intenso del ladrillo de los muros se combina acertadamente con el gris del granito, presente en la portada, en los esquinales y alrededor de los vanos. 

A estos tonos se añaden el negro de la pizarra, material con el que se cubren los tejados, y en sus orígenes, el dorado de las rejerías, según escribió el ya citado Antonio de Brunel, sorprendido de que barrotes fueran de este color y estuviesen "bellamente modelados".



La horizontalidad del conjunto se quiebra en los extremos, con las torres con chapiteles en punta, y en el punto central, con la magnífica portada. Ésta repite el orden toscano de los patios interiores y el friso con triglifos que vimos en el entablamento del claustro superior.

La entrada comunica directamente con el eje que une los dos patios. Consta de tres puertas, con sus correspondientes balcones en el piso alto, cuyas molduras fueron elogiadas por Juan de Villanueva en el siglo XVIII.

El hueco central de la portada ocupa una posición preeminente, al enmarcarse con columnas avanzadas. El balcón de esta parte carece del entablamento que sí tienen los dos laterales, para poder alojar un enorme escudo imperial, esculpido por Antonio Herrera Barnuevo, padre del arquitecto y pintor Sebastián Herrera.



El citado artista hizo también la escultura del ángel que preside el frontón, así como las desaparecidas figuras de las cuatro virtudes que le acompañaban.

Para Ramón Guerra de la Vega (1984), "la enorme plasticidad de la fachada se debe sin duda al estar esculpida con la dedicación y detalle que aquellos años se reservaban para tallar los retablos dorados de sus iglesias" y que constituye "un reflejo de la enorme capacidad artística de nuestros arquitectos y escultores cuando tenían el respaldo adecuado de las arcas del Estado".

La ampliación

A mediados del siglo XX, el arquitecto Pedro Muguruza, en colaboración con su hermano José María, construyó un nuevo edificio en el solar del Salvador del Mundo, siguiendo el mismo estilo y fábrica del palacio primitivo, en una clara adhesión al ideal imperial de la arquitectura franquista.

La ampliación replica simétricamente la estructura del original, aunque con algunas diferencias, como su disposición en cuatro alturas, su planta en forma de paralelogramo y la existencia de un único patio interior, en lugar de dos.


Fuente: Archivo Pando, Ministerio de Cultura. Año 1950.

La parte posterior, que da a la Calle de Concepción Jerónima, presenta dos torres angulares con chapiteles, que ponen el contrapunto a la fachada del Palacio de Santa Cruz. De tal modo que la sensación que se transmite es que éste se prolonga por su trasera, emulando el trazado del Monasterio de El Escorial.

A pesar de esta percepción de unidad, estamos ante dos construcciones exentas, separadas por una pequeña calle, que en su momento fue conocida como Callejón de la Audiencia o del Verdugo, cuyo único elemento de unión es un curioso pasadizo volado.


Fuente: Archivo Pando, Ministerio de Cultura. Año 1950.

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11 comentarios:

  1. Hola Jesús,
    Enhorabuena por el colofón que haces del palacio de Santa Cruz. No se puede describir con más rigor y se aprende cantidad de cosas como el paralelismo entre la portada y un retablo manierista. Me ha interesado mucho el hecho de que fuera el duque de Alba el promotor de la afortunada cubrición del patio. ¿Quien haría ese proyecto, teniendo en cuenta que después de la guerra encargaría al británico Edwin Lutyens la restauración de Liria?
    Con la última foto aportas el "eslabón perdido" a la serie de pasadizos de nuestra amiga Mercedes.
    Un abrazo.

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    1. Hola Antonio:
      Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Creo que este palacio es un perfecto desconocido para el gran público y que todo lo que pueda hacerse para darlo a conocer, es bienvenido.

      Pues no tengo ni idea de quién pudo hacer el cubrimiento. Pero, por lo que comentas, me da la sensación de que lo conoces. ¡Qué envidia!

      Un abrazo, Jesús

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    2. Siento haber dado la impresión de que sabía quien hizo esa cubrición pero tampoco tengo ni idea. Quería insinuar que los contactos del duque eran de primer orden y esa obra no se la encargaría a cualquiera.
      En lo que si puedo daros envidia es que conozco los patios bastante bien. Pasé allí todo el día las elecciones generales de 1979. El caso es que la tv me grabó un primer plano que luego abrió todos los telediarios durante varios días. Fue mi minuto de gloria...
      Un abrazo.

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    3. Hola! No has dado ninguna impresión negativa. Todo lo contrario!!! Discúlpame a mí que, tal vez, me ha salido una frase un poco rotunda. Es el problema de escribir, que no queda reflejado el "tono" que se quiere transmitir. Y el mío era absolutamente afable, como no puede ser de otra forma contigo!!

      Ya sospechábamos que conocías bien los patios. Lo de la TV es una sorpresa... ¿estará colgado en youtube, mmmmm?

      Un abrazo, Jesús

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    4. genial la documentación, me gusta saber donde vivo cuando paseo por madir.

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    5. Bienvenido y muchas gracias por el comentario!!

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  2. Hola Jesús, enhorabuena, suscribo el comentario de Antonio, eres una enciclopedia, la mejor.
    ¡Me encantaría ver esos claustros! una vez intenté que el guardia en la puerta me dejara asomarme, solo asomarme, había una exposición (no recuerdo qué) pero era última hora de la tarde y ya estaba "cerrado", y casi se veía el claustro, era adelantar solo un metro, pero no hubo manera...
    Muchísimas gracias por el enlace y por ese "eslabón perdido" que iré a ver en cuanto pueda.
    Saludos!

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    1. Mercedes:
      Muchas gracias!! Yo tampoco conozco los patios. A veces me da mucha envidia de las ciudades castellanas, donde no te cansas de ver los patios renacentistas y barrocos de los edificios civiles. Aquí no tenemos muchos, pero, caray, están todos cerrados!!

      Gracias a ti. Tu artículo de los pasadizos volados es para coleccionarlo. A ver si van apareciendo más.

      Un abrazo!!

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  3. Hola Jesús,
    Ante todo mis disculpas por mi desidia en los comentarios blogueriles. Debo tener los biorritmos en vuelo rasante. Prometo tratarme cuanto antes para solucionar este cacao mental.

    Por lo que veo, ninguno de nosotros conocemos el claustro "en vivo y en directo" ¿Habrá que ser ministro de exteriores para visitallo?Magnífico análisis cuasi-radiológico de este historiado palacio que da para escribir largo y tendido. Jesús, eres un monstruo, con perdón.
    ¡Ah!, y gracias mil por la mención halagadora de la primera parte. Me sonrojan vuesas mercedes.
    Un fuerte abrazo.

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  4. Hola Manuel:
    No hay que disculparte de nada. ¡por favor! Aunque, todo sea dicho, se echa de menos ese discurso fluido y brillante al que nos tienes tan acostumbrados.

    Pues sí, exceptuando a Antonio -que debe tener muchas influencias ministeriales, jeje-, ese edificio debe ser como la cueva de Alí Babá (lo digo por lo de inexpugnable).

    Gracias por el comentario. Un abrazo, Jesús

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  5. Ya quisiera yo tener influencias ministeriales. Yo era un pipiolo que estuvo en una mesa electoral todo el santo día hasta el recuento de la última papeleta. Eso si, tuve tiempo de ver y contar todas las columnas toscanas, metopas y triglifos que me rodeaban.
    Un abrazo.

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