viernes, 23 de abril de 2010

Tras los pasos de Cervantes en Madrid


Tal día como hoy era enterrado Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) en el Monasterio de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, de Madrid.

En homenaje a este genio, uno de los más grandes literatos de la historia, más de cien países celebran cada 23 de abril el Día Internacional del Libro. 

Efemérides que también se hace extensible a William Shakespeare, cuya muerte, acaecida el 3 de mayo de 1616, tradicionalmente se ha hecho coincidir con la del escritor alcalaíno, por su equivalencia con el calendario juliano, que por entonces estaba vigente en el Reino Unido.

Aunque, para ser exactos, Cervantes no falleció el 23 de abril de 1616, como popularmente se cree, sino una jornada antes. Esta fecha se corresponde, en realidad, con el día en que recibió sepultura en el convento antes señalado, donde profesaba como religiosa su hija Isabel.

Recordamos en el presente artículo la figura de Miguel de Cervantes, buscando las huellas de su paso por Madrid, la ciudad donde cursó estudios de joven, vivió buena parte de su vida, fueron impresas casi todas sus obras y, como hemos visto, tuvo lugar su fallecimiento, hace hoy exactamente 394 años y un día.

El Estudio de la Villa

Se sabe que en 1566 Cervantes estaba establecido en Madrid, donde se había matriculado en el Estudio de la Villa, la vieja fundación académica creada por el rey Alfonso XI en 1346. Aquí tuvo como maestro al humanista Juan López de Hoyos (1511-1583), catedrático de gramática y regente de la citada institución.

En 1569, López de Hoyos publicó un libro sobre la enfermedad y muerte de la reina Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II, donde incluyó tres poemas de Cervantes, al que se refería como "nuestro caro y amado discípulo".

Hoy no queda nada del Estudio de la Villa. En el lugar en el que estuvo su sede, ubicada en la Calle de la Villa -una pequeña vía cercana al viaducto-, se levanta un inmueble decimonónico, en cuya fachada hay colocada una placa conmemorativa, que recuerda el paso de Cervantes.

Fue instalada en 1870, a partir de una iniciativa de Ramón de Mesonero Romanos, que costeó la Condesa de la Vega del Pozo, la dueña del edificio del siglo XVI que dio cobijo a este centro de enseñanza.

En ella figura el siguiente texto: "Aquí estuvo en el siglo XVI el Estudio Público de Humanidades de la Villa de Madrid, que regentaba el maestro Juan López de Hoyos y al que asistía como discípulo Miguel de Cervantes Saavedra".


Calle de la Villa, número 2.

La casa de Cervantes

Cervantes no tuvo una única casa en Madrid, sino varias. Hay constancia de que, en febrero de 1608, el escritor residía en la zona de Atocha y que, en 1609, se trasladó a la Calle de la Magdalena.


Calle de las Huertas, número 18, donde estuvo una de las casas madrileñas de Cervantes.

Posteriormente se estableció en el hoy conocido como Barrio de las Letras, de donde no salió, a pesar de que se cambió cuatro veces de vivienda. En un primer momento habitó en la Calle del León, después en el actual número 18 de la Calle de las Huertas, más tarde en la Plaza de Matute y, finalmente, de vuelta a la Calle del León.

Nos detenemos en esta última morada, pues es aquí donde murió. Decir que fue derruida no es motivo de sorpresa, dada la facilidad con que en Madrid nos hemos llevado por delante monumentos y lugares históricos.

Estuvo situada en la manzana 228, en la esquina con la Calle de Francos, y desapareció en 1833, a pesar de la oposición de Mesonero Romanos (otra vez el gran Mesonero), quien dio la voz de alarma publicando un artículo en La Revista Española, titulado La casa de Cervantes.

El escrito llamó la atención del mismísimo Fernando VII, quien dispuso que el Estado comprara el inmueble para conservarlo. Pero de nada valió su propuesta, cursada a través del Comisario General de la Cruzada, Manuel Fernández Valera, y en la que también mediaron el Ministro de Fomento y el Alcalde de Madrid.

Al final, el propietario del bloque, Luis Franco, procedió a su derribo, motivado más por la especulación inmobiliaria que por cualquier consideración cultural. Sobre el solar fue construido un edificio de apartamentos, que es el que ha llegado hasta nosotros.

Fuere como fuere, lo ocurrido con la casa en que murió Cervantes es un buen ejemplo de lo que se ha venido haciendo en Madrid con las viviendas de personajes célebres. La consigna parece ser "primero derribamos y después ponemos la placa".

Así sucedió. El 13 de junio de 1834, un año después de la lamentable demolición, fue inaugurada una lápida conmemorativa, realizada en mármol de Carrara por Esteban Ágreda. En ella puede leerse en letras de bronce la siguiente leyenda: "Aquí vivió y murió Miguel de Cervantes Saavedra, cuyo ingenio admira el mundo. Falleció en MDCXVI".

Poco después, la Calle de Francos fue rebautizada con el nombre de Cervantes, a instancias del alcalde, el Marqués de Pontejos.


Calle de Cervantes, número 2, donde murió el escritor.

La imprenta de Juan de la Cuesta

Con excepción de la novela La Galatea (1585), impresa en Alcalá de Henares, los restantes libros cervantinos fueron publicados, en sus primeras ediciones, en la ciudad de Madrid.

Por su relevancia, nos interesa especialmente El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, que vio la luz en 1605 en la imprenta de Juan de la Cuesta. La impresión se hizo con muy pocos medios, con un papel bastante pobre y tosco, fabricado a orillas del río Lozoya, en la Cartuja de Santa María de El Paular.

A diferencia del Estudio de la Villa y de la casa de la Calle del León, en este caso no hay que hablar de demolición. El edificio original, emplazado en la Calle de Atocha, número 87, ha llegado hasta nuestros días en un buen estado de conservación. Toda una suerte, habida cuenta la cantidad de lugares históricos que han desaparecido en Madrid.

Fue construido entre 1592 y 1620 como un pequeño centro sanitario, conocido con el nombre del Hospitalillo de los Incurables del Carmen. En 1981 recibió la declaración de Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional y, desde 2005, pertenece a la Sociedad Cervantina de Madrid, fundada en 1953, que tiene el propósito de crear un museo sobre el escritor.

El 9 de mayo de 1905 fue inaugurada una lápida de bronce y piedra, diseñada por el escultor Lorenzo Coullaut Valera, que decora la fachada principal del inmueble. Consiste en un relieve escultórico, alusivo a una escena de El Quijote, debajo del cual figura el siguiente texto:

"Aquí estuvo la imprenta donde se hizo en 1604 la edición príncipe de la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, compuesta por Miguel de Cervantes Saavedra y publicada en mayo de 1605. Conmemoración MDCCCCV".


Calle de Atocha, número 87.

La segunda parte de El Quijote se editó en 1615, igualmente en la imprenta de Juan de la Cuesta, que, en aquel año, ya no se encontraba en Atocha, sino en un local situado en la confluencia de las calles de San Eugenio y Santa Isabel. Lamentablemente, la construcción primitiva no se conserva.

Una lápida rectangular, realizada en 1905 también por Coullaut, recuerda aquel momento con esta leyenda: "En el solar que ocupa esta casa, estuvo en el siglo XVII la imprenta de Juan de la Cuesta, donde se hizo en 1615 la edición príncipe de la segunda parte de El ingenioso caballero D. Quijote de La Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra. Conmemoración en 1905".


Calle de San Eugenio, número 7.

Monasterio de las Trinitarias Descalzas

El 23 de abril de 1616, los restos mortales de Miguel de Cervantes fueron conducidos desde su morada en la Calle del León hasta el cercano Monasterio de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, emplazado en la Calle de Cantarranas (en la actualidad, de Lope de Vega).

El cadáver fue portado por franciscanos de la Orden Tercera, donde había profesado el escritor, siguiendo la costumbre de la congregación de atender, recoger y acompañar al 'hermano' muerto.

Fue enterrado humildemente, vestido con un modesto sayal de mortaja y con la cara descubierta. Su sepultura no tenía ni lápida, ni ningún tipo de indicación que le identificase.

Lamentablemente, no hay rastro de sus huesos. Desaparecieron durante las obras de reforma y ampliación llevadas a cabo en el convento, pocos años después de la muerte del literato.

Aunque ha habido algunos intentos de búsqueda -en concreto, durante el reinado de José I y en la década de los cuarenta del siglo XX-, Cervantes se suma a la larga lista de personalidades españolas de las que no se sabe nada sobre sus restos mortales.

En este sentido, recomendamos la lectura del artículo Las tumbas perdidas de nuestros hombres ilustres, realizado por Bélok, que podéis encontrar en el blog Viendo Madrid, que tanto admiramos.

Así que nos tenemos que conformar con la consabida placa conmemorativa, que fue colocada en en el año 1869 en la fachada del monasterio, a instancias de la Real Academia de la Lengua. De todas las lápidas madrileñas que recuerdan la figura cervantina, ésta es, sin duda, la más monumental, con una altura de 3,5 metros y 2,5 de ancho.

Fue realizada en mármol italiano por el escultor aragonés Ponciano Ponzano y en ella podemos leer este texto: "A Miguel de Cervantes Saavedra, que por su última voluntad yace en este convento de la Orden Trinitaria, a la cual debió principalmente su rescate la Academia Española. Cervantes nació en 1547 y falleció en 1616".


Calle de Lope de Vega, número 18.

Otros elementos conmemorativos

El recorrido por los lugares más directamente relacionados con la vida y obra de Miguel de Cervantes puede completarse con otros puntos, donde hay instalados diferentes elementos conmemorativos que le rinden homenaje, aunque fuera del entorno en el que se movió el escritor.

No es el momento de detenernos en ellos, pero sí que queremos enumerar las cuatro estatuas cervantinas existentes en Madrid. La más célebre es, sin duda, la situada en la Plaza de España, donde el literato aparece rodeado de los personajes de sus novelas, dentro de un conjunto monumental inaugurado en 1916, en el tricentenario de su fallecimiento.

Menos conocida es la escultura de la Plaza de las Cortes, levantada en 1835, recientemente de actualidad por el descubrimiento de una "cápsula del tiempo" durante las obras que se están llevando a cabo en la Carrera de San Jerónimo (que, por cierto, mucho nos tememos que llevan camino de ser un nuevo granitazo).

La tercera escultura se encuentra en la Biblioteca Nacional, en el Paseo de Recoletos. Data del año 1892 y flanquea la entrada principal de este edificio, junto a Lope de Vega, Antonio de Nebrija y Luis Vives.

La última estatua es una obra reciente de Luis Sanguino, autor de los motivos escultóricos que decoran las puertas de la Catedral de la Almudena. Fue erigida en mayo de 1999 en la Avenida de Arcentales, en el Barrio de Las Rosas.


Detalle del Monumento a Cervantes, en la Plaza de España.

9 comentarios:

  1. Gran reportaje, J.J. Sólo una precisión, ¿la boda de Cervantes con Catalina de Salazar no fue en Esquivias?

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    1. si fue en esquivias el 12 de diciembre de 1584

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  2. Una pena ver que ni Mesonero Romanos pudo en su día salvar la casa en la que falleció Cervantes. Nuestra historia de desmanes urbanísticos, viene de lejos.
    Buen fin de semana, Jesús!

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  3. Hola Anónimo. Perdón por el error, que acabo de corregir. Gracias por el aviso. Un saludo!!!

    Hola Mcarmen. Lo de las casas de nuestros ilustres es una auténtica pena, pero aún más dramático es lo de sus tumbas. Han desaparecido los restos de Cervantes, Velázquez, Calderón... Es terrible.

    Gracias y un saludo, Jesús

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  4. Merecido homenaje a Cervantes, muy bonito, gracias Jesús. Es un personaje que siempre me ha interesado, su vida no fue un camino de rosas.

    Sobre lo que comentáis de las casas de los ilustres, sí que es una pena, en Madrid nunca se ha sabido apreciar ni aprovechar las huellas de nuestros personajes históricos.

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  5. Gracias Mercedes. Estoy de acuerdo contigo, Cervantes es un personaje fascinante. Su vida estuvo llena de avatares, que poco a poco se van esclareciendo y que resultan novelescos en sí mismos. Saludos, Jesús

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  6. Magnífica aportación para un iniciado madrileño en el Madrid viejo, Villa y Corte y capital del Reino.
    El Barrio de las letras, donde trascurrió todo ¡¡¡¡el Siglo de Oro!!!!! y como se ha maltratado. Creo que nos hemos dado cuenta de su valor, aunque tarde. El otro día pasee después de leer este maravilloso artículo y me quedé sorprendido de que aún se puede salvar lo que queda del Barrio de las letras. Me llevé un tremendo chasco al ver que había edificios de piqueta años 60, y según paseas por el Prado en la calle del Caixa Forum se ve al fondo un inmensa masa de ladrillo por encima de casitas madrileñas; creo que podría taparse el ladrillo y dibujar a los grandes escritores en su pared y poner en letras antiguas "Barrio de las Letras"; se me ocurrió al ver semejante y malvado despropósito y pensando rapidamente una forma de embellecer ese monstruo de corrupción inmobiliaria.
    Gracias por todo.

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  7. Hola Anónimo:

    Perdona por la tardanza en responder. Gracias por tu comentario y gracias también por esa sugerencia que haces, que me parece magnífica. Es cierto lo que dices: pensar que, en un espacio tan pequeño, se reunieron tantos y tantos genios de la literatura da vértigo. Es un patrimonio único y, sin embargo, no lo sabemos valorar. Si este barrio estuviera en cualquier otra gran capital europea, sería un reclamo turístico de primer orden.

    Gracias nuevamente. Un abrazo, Jesús

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  8. Lo cierto es que cuando Cervantes se había matriculado en 1566 en el Estudio Público de Humanidades de la Villa de Madrid, tenía que vivir en otro lugar de Madrid que se ignora ompletamente.

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