lunes, 22 de noviembre de 2010

El Pontón de la Oliva



El Pontón de la Oliva es una presa de mediados del siglo XIX, actualmente en desuso, que está situada en el curso bajo del río Lozoya, dentro del término municipal de Patones.

A pesar de que estuvo muy poco tiempo funcionando, posee una gran importancia histórica, ya que se trata de la infraestructura más antigua del Canal de Isabel II, el magno proyecto hidráulico que llevó el agua corriente a Madrid, hace más de 150 años.

Historia

La presa fue concebida como el embalse captador del Lozoya, desde donde se derivarían las aguas del río hasta la capital, a través de de un sistema de canalizaciones y depósitos.

Su construcción dio comienzo el 11 de agosto de 1851, en un solemne acto al que acudió el rey consorte Francisco de Asís de Borbón (1822-1902), que puso la primera piedra de modo simbólico.

Aunque las obras del Pontón de la Oliva concluyeron en 1856, hicieron falta dos años más para que estuviese listo todo el operativo del Canal de Isabel II, necesario para el abastecimiento de Madrid.


La presa, aguas abajo.

El Canal de Isabel II se inauguró el 24 de junio de 1858. Ese día se convirtió en una auténtica fiesta para los madrileños, con el pueblo echado a la calle para comprobar in situ la llegada del agua a la ciudad.

Se organizaron varias ceremonias, que contaron con la asistencia de la reina Isabel II (1830-1904) y de distintas autoridades.

La primera de ellas tuvo lugar en el Campo de Guardias, en la Calle de Bravo Murillo, donde se edificó el primer depósito, y la segunda, quizá la más espectacular, se celebró en la Calle Ancha de San Bernardo, donde una multitud contempló, entre vítores y aplausos, cómo se encendía una fuente conmemorativa que arrojaba un chorro de considerable altitud.

Honor, gloria a la ciencia,
palanca irresistible
al genio creador. 
Por él Lozoya altivo
se arranca de su asiento
y eleva al firmamento
su inmenso surtidor.


Llegada del agua a Madrid el día 24 de junio de 1858. Vista de la Calle Ancha de San Bernardo, a la altura de la Iglesia de Montserrat.

Culminaba así un proceso de gran complejidad, que había comenzado en 1848, cuando se dieron los primeros pasos legislativos y técnicos. Pero, como suele suceder cuando se abordan empresas de tamaña envergadura, fueron muchos los problemas y los contratiempos surgidos.

Un esfuerzo inútil

Para construir el Pontón de la Oliva fueron empleados alrededor de 200 peones libres, además de 1.500 presidiarios, condenados a trabajos forzados. Contaron con la ayuda de aproximadamente 400 bestias, que se utilizaban para los portes y para el empuje de carros y máquinas.

Las pésimas condiciones de trabajo, las epidemias y las fiebres, los temporales y las riadas fueron factores de fuerte dramatismo, que provocaron numerosas bajas y ralentizaron el trabajo.

Lamentablemente, todo este ingente esfuerzo fue inútil, pues pronto se puso en evidencia que el lugar elegido para el embalse, una garganta natural en el paraje conocido como Cerro de la Oliva, no era el más idóneo, debido a las filtraciones que se producían.

No fue exactamente un fallo, sino pura ignorancia. En el momento de construcción de la presa, no se había descubierto el fenómeno del karst que afecta a las rocas calizas que conforman la cerrada. Consiste en un tipo de relieve, en el que dominan los componentes solubles al agua.

En realidad, el embalse nunca llegó a funcionar plenamente. El tiempo máximo que solía durar el agua retenida era de apenas dos meses, debido a los citados procesos de karstificación.

Por todas estas razones, la vida de Pontón de la Oliva fue relativamente corta. En 1869 comenzaron las obras de la presa de El Villar, levantada igualmente sobre el Lozoya, que le sustituyó en su función de embalse captador del Canal de Isabel II.

El Pontón de la Oliva en 1856, a punto de finalizar las obras. Fotografía de Ch. Clifford, propiedad del Canal de Isabel II. 

Descripción

El Pontón de la Oliva fue diseñado por los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera. Técnicamente es una presa de gravedad, un tipo de estructura de gran solidez, que depende de su propio peso para retener el agua. Esta tipología es la más recurrente en embalses ubicados en gargantas y desfiladeros, como es el caso.


La presa en 1857. Colección Casariego, Museo de Historia de Madrid.

Está formado por un muro trapezoidal, que tiene en su base 39 metros de grosor y en su punto más alto tan sólo 6,72 metros. El ancho disminuye escalonadamente en la cara situada aguas arriba, mientras que, hacia el otro lado, prácticamente se alcanza la vertical.


El muro de la presa, aguas arriba.

Su altura es de 27 metros, a los que hay que añadir 5 metros soterrados, para la cimentación. Con respecto a la longitud de coronación, se rozan los 73 metros.

Además del muro, existe un aliviadero, excavado directamente sobre la roca, así como una torre para la toma del canal.

La fábrica es de sillería, a base de bloques de piedra, unidos mediante mortero de cal.


Torre para la toma del canal, aguas arriba.

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7 comentarios:

  1. Cuantas veces he visto el agua rebosando y convirtiéndose en una inmensa catarata. Un post muy interesante Jesús y uno de los parejes más bonitos de nuestra comunidad.

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  2. Hola Jesús,
    siempre he querido conocer este lugar, pero de momento nunca lo había visitado, hasta ahora, gracias a tí :-)
    estupendo post

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  3. Hola Bélok. Es verdad, he visto fotografías del Pontón rebosando agua, como si fuera un pequeño Niágara. En directo, debe ser alucinante.

    Hola Mercedes. Siempre me han llamado la atención estas grandes obras de ingeniería del Canal, que se hicieron con tan pocos medios y tanto sufrimiento humano. En el caso del Pontón, se une además el hecho de que ese esfuerzo inmenso no valió para nada. La excursión merece la pena, anímate!!!

    Un abrazo, Jesús

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  4. Hay una arqueología hidráulica, con restos más que interesantes, en diferentes puntos de la Comunidad de Madrid, que bien merecería ser potenciada como ruta turística.

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  5. Gracias, Anónimo. Es verdad, aunque creo que ya se están dando paso en este sentido. Saludos, Jesús

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  6. Espectacular, a ver cuando la visito.

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  7. Hola Aeolis! Gracias por tu comentario. Comparto contigo el calificativo de espectacular. Es impresionante esta "arqueología" hidráulica que tenemos en Madrid. Un abrazo, Jesús

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