lunes, 8 de agosto de 2011

La antigua gasolinera de Puerta de Hierro

Mi infancia transcurrió en un pueblo de la sierra. Siempre que nos dirigíamos a Madrid, tomábamos la Carretera de La Coruña. Entrar en la ciudad por esta vía constituía una experiencia excitante.

Miraras por donde miraras, se sucedían los hitos arquitectónicos, como preparando el terreno de todo lo bueno que nos íbamos a encontrar en el interior de la urbe.

La esplendorosa Puerta de Hierro aparecía de repente, en medio de la autovía. Le seguían el Palacio de la Moncloa, la Casa de Velázquez, la Corona de Espinas, el Museo de América y otros muchos edificios que tardé en ponerles nombre.

Culminaba todo ello en el Arco de la Victoria y en el Ministerio del Aire, que, ignorante como era de la simbología política que les envuelve, me parecían la fachada perfecta para ingresar finalmente en la capital.

Pero había un primer hito, que, pese a carecer del porte monumental de los otros, era el que realmente nos anunciaba que habíamos llegado a Madrid.


Archivo: Perrin.

Se trataba de la vieja gasolinera de Puerta de Hierro, cuya airosa torre había convertido, desde mi prisma infantil, en el guardián que custodiaba la hermosa ciudad que me disponía a visitar con mis padres.

Rastreando por Internet, la he vuelto a ver. Aparece más bonita de lo que yo recordaba. Incluso he podido apreciar nuevos ángulos, que no podía visualizar cuando pasaba delante de ella metido en un coche.

Se inauguró en 1933, a raíz de unas obras llevadas a cabo por el Gabinete Técnico de Accesos y Extrarradio de Madrid, destinadas a separar las carreteras de La Coruña y de El Pardo, en lo que hoy se corresponde con el nudo de Puerta de Hierro.

Fue levantada en el mismo punto en el que se iniciaba la bifurcación, con el cuerpo principal en medio de las dos carreteras y varios grupos de marquesinas dispuestos simétricamente, a ambos lados de las calzadas.


Archivo: Miguel Pascual Laborda.

Era una delicia contemplar sus líneas arquitectónicas, que, en consonancia con las corrientes de la época, mostraban una marcada influencia racionalista.

La estación de servicio sobrevivió hasta 1989, cuando fue demolida al ampliarse el número de carriles de la Carretera de La Coruña. No muy lejos de su emplazamiento, en la Cuesta de las Perdices, la empresa concesionaria edificó una nueva gasolinera, con una torre muy parecida a la de la primitiva construcción, a modo de pequeño homenaje.

Pero ya no es lo mismo...


Archivo: Miguel Pascual Laborda.

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12 comentarios:

  1. Pues siempre he creído que la torre de la nueva gasolinera que, por cierto, está siempre llena de gente, era la misma reedificada en otro sitio.

    Recuerdo la salida a la carrtera de la Coruña y esa gasolinera perfectamente, porque era el punto emocionante donde comenzaba la aventura que significaba cualquier trayecto, por corto que fuera, con los coches de entonces.

    Efectivamente ya nada es los mismo.

    saludos

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  2. Hola Jesús,
    me han gustado mucho tus recuerdos infantiles, ya eras muy sensible a los "hitos arquitectónicos" :-)
    De forma distinta, pero me has recordado mi infancia, vivíamos en Barcelona, y cuando viajábamos en coche varias veces al año, mis padres, mi hermano y yo, también tenía mis "hitos", que yo desconocía entonces que lo eran pero significaban ¡ya llegamos a Madrid!... uno fue la famosa "Pagoda" de Fisac, que ya mayor sentí mucho que destruyeran.
    Gracias por el post!

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  3. Hola Txema:
    ¿Tú también la recuerdas? Me alegro de no ser el único, aunque para mí era un hito de entrada, no de salida, como lo era para ti. En cualquier caso, todo un símbolo de tiempos pasados.

    La torre de la otra gasolinera es de nueva factura, inspirada, a modo de homenaje, en la vieja. La verdad es que la replicaron bastante bien...

    Un abrazo y gracias por tu comentario, Jesús

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  4. Hola Mercedes:

    Ya ves que post tan nostálgico me ha salido, pero fue ver las fotos de la antigua gasolinera y agolparse un montón de recuerdos infantiles.

    No sabía que habías vivido en Barcelona y que tu entrada natural era la N-2 y la Avenida de América, donde había (y sigue habiendo) otro "hito", que es Torres Blancas (aunque más de salida que de entrada).

    Una gran pérdida lo de la Pagoda (¡y que en este país no pase nada cuando se derriban edificios de estas características!)

    Un abrazo y muchas gracias, Jesús

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  5. Hola:

    Yo también recuerdo perrfectamente esa gasolinera... ¡La de veces que habremos parado a repostar!. Pasábamos por allí todos los veranos cuando íbamos a la piscina de Somontes. Magnífico post, como todos los del blog.
    Un saludo:

    Iñigo.

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  6. Hola Íñigo:
    Muchas gracias, de verdad, por tus comentarios. Si es que la gasolinera era preciosa, no me extraña que nos acordemos de su silueta. Además, antes los desplazamientos eran como pequeñas cruzadas (se sabía cuándo se salía, pero no cuándo se llegaba) y nada de lo que uno se encontraba por la carretera pasaba por alto. Era como descubrir algo muy importante...

    Gracias nuevamente. Un abrazo y buen puente, Jesús

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  7. Casi me sorprende más ver esa carretera vacía, estrecha, sombreada por los árboles laterales, que la propia gasolinera. Ahora es un paisaje impersonal, trepidante, donde los coches son la única presencia que da imagen a esta Cuesta de las Perdices.

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  8. Hola Cecilia:
    ¿Verdad? Todo ese entorno debió ser precioso, antes de convertirse en una de las grandes salidas de la ciudad. Son los peajes que tenemos que pagar a lo que antes se llamaba "el progreso".

    Un abrazo, Jesús

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  9. Hola, jesús. Yo también la recuerdo, al inicio de los viajes infantiles a Galicia siempre estaba esa bella gasolinera, nada que ver con la chatarrería "funcional" que se hace hoy en día.

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  10. Hola Carlos:
    Perdona por la tardanza en responderte. Completamente de acuerdo con lo de la chatarrería "funcinal" de hoy en día. En este camino del "progreso", a veces se pagan demasiados peajes.

    Un abrazo, Jesús

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  11. Yo vivo en Las Rozas desde el año 1956, total... muchos años. ¡Qué diferencia! En una de las fotografías, saliendo de Madrid, que se ve otra carretera a la derecha, es la que iba a El Pardo, sin puentes, ni pasos elevados, ni nada, así tan natural.
    ¡Qué hallazgo tan bonito!

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  12. Hola Máximo:
    Muchas gracias por tu comentario. Lo has definido perfectamente: ¡qué calidad paisajística da la ausencia de infraestructuras! Pero, bueno, imagino que son los peajes que tenemos que pagarle al progreso.

    Saludos cordiales, Jesús

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