lunes, 23 de septiembre de 2013

El Arco de San Ginés

El Arco de San Ginés da forma a una de las estampas más típicas del Madrid de los Austrias. Está situado a espaldas de la iglesia del mismo nombre, al final de un pasadizo de apenas sesenta metros de longitud, que se ha convertido en un potente reclamo turístico de la capital.

Aunque por su angostura y recorrido sinuoso, este callejón puede percibirse como de origen medieval, nada más lejos de la realidad. Ni siquiera aparece, al menos con su configuración actual, en el célebre plano de Pedro Teixeira, del siglo XVII, donde puede apreciarse una calle mucho más ancha que la que ha llegado a nuestros días.

El Pasadizo de San Ginés debe su fisonomía a una serie de intervenciones llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XVIII. Fue en este momento cuando se abrió el arco que ocupa nuestra atención. Pero vayamos por partes.


El arco desde el Pasadizo de San Ginés (1923).

En los años cuarenta del siglo XVII, la cabecera de San Ginés tuvo que ser derribada, debido a su estado de arruinamiento. En 1655 el alarife Juan Ruiz comenzó su reconstrucción, a partir de un proyecto que ampliaba sustancialmente la planta primitiva y que invadía la vía pública.

La calle que rodea esa parte del templo no solo fue estrechada hasta quedar reducida a simples recovecos, sino que también quedó sin salida, con algunos de sus inmuebles pegados a los muros de la iglesia.

Esta situación provocó las más airadas protestas por parte de los vecinos y, curiosamente, también por parte de los propios párrocos, quienes consideraban que éste no era un entorno apropiado para la actividad religiosa. Al margen de cuestiones estéticas, era frecuente que en el callejón se produjeran revueltas y escándalos.


El arco desde la Plazuela de San Ginés (1931).

Los problemas acabaron un siglo después, en concreto en 1757, cuando la Parroquia de San Ginés tomó la decisión de comprar las casas colindantes. Con esta operación, la iglesia no solo se sentía con autoridad para acometer el saneamiento de la zona, sino que también se aseguraba unos ingresos adicionales alquilando sus nuevas propiedades.

Las casas fueron reformadas y mejoradas por varios arquitectos, entre los que cabe citar a José Arredondo, Manuel López Corona y Francisco Moradillo. También fueron realizados nuevos edificios, al tiempo que se actuó sobre el callejón, con la alineación de las diferentes fachadas, hasta configurarse el actual pasadizo.

En lo que respecta al Arco de San Ginés, fue Arredondo quien tuvo la idea de rasgar una bóveda bajo uno de los inmuebles, con el que quedaron comunicadas todas las calles perimetrales de San Ginés.

Las obras se ejecutaron entre 1762 y 1763, aunque en los años posteriores se hicieron distintos trabajos de mejora y se construyeron varias dependencias para uso eclesiástico, alrededor del templo.


Vista desde el pasadizo, con la Chocolatería de San Ginés a la izquierda (1966).

La casa del Arco de San Ginés, al igual que todo el pasadizo, ha tenido una intensa historia. En una de sus viviendas estuvo la sede de la Real Academia Latina Matritense, que se constituyó en 1755, antes de que el edificio fuese levantado, y que apenas tuvo un siglo de vida.

Por sus bajos han pasado diferentes comercios, que se hicieron muy populares entre los madrileños. En 1884 el hostelero Lázaro López abrió el restaurante 'Le petit Fornos', sucursal del existente en la antigua Calle de Capellanes, actualmente llamada del Maestro Victoria. Cuatro años después, puso en marcha una fonda en el mismo inmueble, que bautizó con su nombre.

Pero, sin duda alguna, el local más famoso del arco es la Chocolatería de San Ginés, inaugurada en 1894. Pese a que hoy figura en todas las guías turísticas de la ciudad, en su momento fue un establecimiento que frecuentaba la bohemia. En las primeras décadas del siglo XX recibió el sobrenombre de El Maxim's golfo.

En esta chocolatería Ramón María del Valle-Inclán situó la Buñolería Modernista, que aparece citada en su obra maestra Luces de bohemia (1920). Por no hablar de Benito Pérez Galdós, que también alude al Arco de San Ginés en la segunda serie de los Episodios nacionales (1875-1879).


Agosto de 2013.

Bibliografía

La Parroquia de San Ginés, de María Belén Basanta. Cuadernos de Arte e Iconografía, tomo IX, números 17 y 18. Madrid, 2000

La academia (Greco)Latina Matritense. Primera parte: su historia (1755-1849), de Pilar Hualde Pascual y Francisco García Jurado. Minerva: revista de filología clásica, número 18, Valladolid, 2005

El Pasadizo de San Ginés, de M. R. Giménez. Antiguos cafés de Madrid y otras cosas de la villa, Madrid, 2012.

13 comentarios:

  1. Qué maravilla de relato.

    Me parece curiosa la solución de los párrocos de San Gines. Si la iglesia ha tomado parte de la calle pública, tendremos que hacernos con las casas de al lado y reformarlas para devolver parte de la vía pública.
    Una pregunta ¿nos podrías contar algo del precioso puesto de libros que hay antes de entrar al arco, frente a la Joy eslava?
    Un abrazo

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    1. Hola Anónimo Castellano:
      Gracias por tus palabras. La verdad es que quedó un pasadizo muy sugerente. El arreglo, al final, fue positivo.
      Con respecto al puesto, es una preciosidad. No he querido hablar de él, para centrarme en el arco, pero es una auténtica joya. Aunque las primeras documentaciones sobre él son del siglo XIX, parece ser que es mucho más antiguo. Espero que se conserve por mucho tiempo.

      Un abrazo, Jesús

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  2. Magnífico post Jesús, un alarde de documentación como tú dirías ;)
    y una historia preciosa, ¡felicidades!

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  3. Gracias Mercedes. Como siempre, me quito el sombrero ante ti. Un abrazo maestra!!!

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  4. Hola Jesús,
    Precioso post. Es cierto que esos vericuetos tienen cierto aire medieval pero con tu información queda todo aclarado. Recuerdo cómo era la chocolatería antes de la gran reforma que tuvo. Era un local grande y diáfano con mostrador de mármol y paredes de azulejo blanco. Tenía el encanto de lo sencillo y popular que perdió al querer darle un falso caché de salón de té. Por lo menos el chocolate sigue siendo inmejorable.
    Un abrazo

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    1. Hola Antonio:
      Tienes razón con lo de chocolatería. Hace años hubo un afán reformista en locales tradicionales que, en muchos casos, hicieron verdaderos estragos. El chocolate excelente y no te olvides de los churros. Eso sí, hay que pagar el precio del turismo.

      Un abrazo y muchas gracias, Jesús

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  5. Hola Jesús. Al igual que Antonio, yo también pensaba que el arco era medieval, veo que no. Parece mentira lo que da de si, históricamente hablando, ese estrecho pasadizo, que en algunos momentos, parece el metro en hora punta.
    Magnifico post, espléndidamente documentado e ilustrado.
    Un abrazo

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  6. Hola José:
    El pasadizo a veces está tan concurrido que dan ganas de dar media vuelta. Creo también que las terrazas que han montado debajo del arco y en la plazuela de San Ginés no le hacen ningún favor desde el punto de vista estético.

    Gracias por tu comentario. Abrazos, Jesús

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  7. Lo han dejado muy limpio y bonito,cuando yo lo frecuentaba estaban en la chocolateria las mesas de marmol con el pie de hierro y la verdad el entorno entonces bastante cochambroso,me gusta verlo limpio y bonito,un saludo de G.M.P.

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  8. Gracias G.M.P. No era consciente de que el lugar estuviese sucio. Me alegro de que, en este caso, los tiempos pasados no fueran mejores. Un abrazo, Jesús

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  9. Buen reportaje Jesús. Al parecer el tal Lázaro se ahorcó en el pasaje, y fue cuando se abrió la churrería, en 1890.
    Saludos.

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    1. Gracias Carlos, por tu estupenda aportación. Un abrazo, Jesús

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  10. Hola:
    Estoy buscando información sobre el cartel que colgaron los curas en esta calle para que no meara la gente en el rincón, pero no encuentro nada. ¿Podrías orientarme?
    Muchas gracias

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