lunes, 10 de febrero de 2014

La capilla funeraria de Hans Khevenhüller, de San Jerónimo el Real

El Monasterio de San Jerónimo el Real fue una de las instituciones más importantes del Madrid renacentista. Fundado inicialmente en las riberas del Manzanares, a principios del siglo XVI fue trasladado a la parte oriental de la villa, a un edificio de estilo gótico isabelino, construido, probablemente, según las trazas del arquitecto Enrique Egas.



El complejo conventual sufrió graves daños durante la invasión napoleónica y, posteriormente, con la Guerra Civil. Hoy día solo se mantiene en pie la iglesia, que ha llegado a nosotros bastante transformada, y uno de los dos claustros que llegó a tener, integrado en la actualidad dentro del Museo del Prado.

Las obras de arte que se custodiaban en su interior se han perdido en su práctica totalidad. Poco o nada se sabe del retablo original, probablemente donado por Felipe II, de las rejerías que cerraban las capillas laterales, de las pinturas que decoraban los muros o de los “sepulcros de mármol, con sus estatuas e inscripciones” a los que se refirió Antonio Álvarez Baena en 1706.

Uno de los elementos desaparecidos mejor documentados es la capilla funeraria de Hans Khevenhüller, en la que intervinieron prestigiosos escultores, arquitectos y pintores. Conocida como la Capilla de la Coronación de Nuestra Señora, fue realizada en la segunda década del siglo XVII, siguiendo modelos renacentistas.


El embajador Hans Khevenhüller.

Hans Khevenhüller (1538-1606) fue embajador permanente del Sacro Imperio Romano Germánico en la Corte española, durante el reinado de Felipe II. Hombre inquieto y erudito, supo ganarse la confianza del monarca, hasta el punto de ser condecorado con el Toisón de Oro. Además de su residencia madrileña, tuvo una casa de recreo en Arganda del Rey, que llenó de tesoros artísticos.

Poco antes de morir, Khevenhüller hizo testamento, en el que manifestó su voluntad de ser enterrado en el Monasterio de los Jerónimos, al tiempo que dio instrucciones muy precisas sobre cómo construir su capilla funeraria.

Como buen amante de las artes y mecenas, no se le escapó ningún detalle en lo referente a la ornamentación del recinto. Ordenó que se labrase una estatua de alabastro, que le representase en actitud orante, para ser colocada en alto, dentro de un nicho. Junto a ella se instalaría una inscripción con letras doradas, que él mismo redactó, además de una bandera con las armas de su linaje.


Estatua orante del embajador (hacia 1900). Archivo Moreno (IPCE).

También marcó sus preferencias sobre el solado, que debía hacerse con azulejos de Toledo, y sobre la pintura que debía presidir la capilla. Se trataba de un óleo de Tintoretto, que el embajador había encargado en Venecia, en el que aparecía retratado, postrado ante una Coronación de la Virgen, junto a San Pedro y a San Pablo. 

Khevenhüller murió en 1606, pero no fue hasta 1612 cuando dio comienzo la construcción del mausoleo. Éste fue levantado en la Sala Capitular, a la que se accedía desde el claustro grande. Su principal artífice fue Juan de Porras, quien tuvo como asociados a Mateo González y a Alonso Carbonel y como contratista a Alonso Vallejo.

Pese a que no existe constancia documental, algunos investigadores creen que el verdadero autor de la estatua orante fue Antonio de Riera, escultor de origen catalán que por entonces estaba trabajando en Madrid. Es el caso de Margarita M. Estella, quien sostiene que el estilo de la figura apunta a un "artista más diestro de lo que podía ser Porras".

Las obras de la Capilla de la Coronación concluyeron en 1616. El 3 de mayo de ese mismo año los restos mortales de Hans Khevenhüller fueron llevados desde la Iglesia de San Pedro el Viejo, donde el embajador había recibido sepultura por ser feligrés de esta parroquia, al nuevo enterramiento de San Jerónimo el Real.



De todo este conjunto apenas quedan unos cuantos restos. La inscripción que hemos mencionado anteriormente sigue estando en los Jerónimos, en uno de los muros de la actual Capilla de la Virgen de Covadonga, al igual que la estatua orante, si bien, en este caso, convenientemente almacenada.

El estado de conservación de la escultura es muy deficiente. No solo se encuentra decapitada, sino que el bulto correspondiente al tronco y a las extremidades está seccionado, con las manos mutiladas y visibles signos de erosión en los ropajes.


Fotografía: Alfredo Alvar-Ezquerra.

El misterio de la cabeza

Mucho se ha especulado sobre el paradero de la cabeza. Diferentes estudiosos piensan que puede encontrarse en los Museos Estatales de Berlín, donde se exhibe una cabeza pétrea de enorme parecido con la que tenía la estatua orante, tal y como puede comprobarse más abajo.

En contra de esta posibilidad, se argumenta que la cabeza conservada en Berlín tiene unos rasgos muy diferentes a los de otras representaciones del embajador, tanto pictóricas como escultóricas, y que, por tanto, nada tiene que ver con la madrileña.


A la izquierda, la cabeza de los Museos Estatales de Berlín. A la derecha, la estatua hacia 1900 (detalle de la fotografía del Archivo Moreno más arriba incluida).

Y, como tercera vía, surge la hipótesis de Margarita M. Estella, quien no tiene dudas de que ambas son la misma cabeza, aunque, en ningún caso, sea la del embajador. Según la autora, la fotografía del Archivo Moreno no está mostrando la cabeza original que tuvo la estatua, sino una posteriormente implantada, de procedencia desconocida.

El argumento principal de este planteamiento es que la cabeza tiene un tamaño menor al que realmente le correspondería al cuerpo de la estatua. La desproporción es muy visible si se la compara con las manos.


Bibliografía

Arte en tiempos de guerra, de Miguel Cabañas, Amalia López-Yarto y Wifredo Rincón (coordinadores). Biblioteca de Historia del Arte. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 2009.

Hans V. Khevenhüller, amante de las Bellas Artes, de Alfredo Alvar-Ezquerra. Burg Hochosterwitz. Carintia, Austria, 2010.

Sobre el sepulcro inédito del Obispo de Fossano en Colmenar de Oreja y su relación con el sepulcro del embajador Kevenhüller, de Margarita M. Estella. Archivo Español del Arte, LXXIX, 315. Madrid, 2006.

12 comentarios:

  1. Buenos días, Jesús:

    Desconocía la existencia de la capilla del embajador Khevenhüller. ¡Qué gran descubrimiento!

    A mi la historia de la cabeza me resulta parecida a los destrozos que se hicieron en Nôtre-Dame de París con las cabezas de los Reyes que presidían la fachada y que fueron decapitados en su mayoría durante la Revolución Francesa. En muchos conflictos bélicos y grandes revoluciones ocurren estas cosas.

    También pienso que alguien intentaría sacar tajada, que la rapiña en tiempos de guerra está a la orden del día.

    Que tengas un buen día. Felicidades por esta entrada.


    Manuel Fernández Luccioni
    Los Laberintos del Arte

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    1. Hola Manuel:
      Gracias por tu reflexión, que creo muy acertada. El pillaje y el saqueo son una lacra, incluso en tiempos recientes. Solo hay que comprobar los destrozos que se hicieron en el Museo de Bagdad durante la Guerra del Golfo, hace tan solo unos diez años.

      Un abrazo, Jesús

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  2. Hola Jesús, gracias por tu trabajo.
    Dices que Khevenhüller era parroquiano de San Pedro el Viejo ¿tienes idea de dónde estaba su palacio?
    Saludos, Rafael

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    1. Gracias a ti Rafael por tu fidelidad. No he podido averiguar dónde estaba el palacio del embajador, más allá de pertenecer a la parroquia de San Pedro. Lo siento, intentaré investigar, a ver si encuentro su localización.

      Un abrazo, Jesús

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  3. ¡Una entrada espectacular, Jesús! Es un relato lleno de misterio y un ¡auténtico rompecabezas!.
    La imagen de la estatua orante del embajador es sobrecogedora pero, efectivamente, al verla mas de cerca se ve esa desproporción de la cabeza y un estilo excesivamente contemporáneo ¡pero si se parece a J.R. Jiménez o a J. Benavente! Yo apunto a que detrás de este misterio pudo estar nuestro paisano el conde las Almenas, aficionado a remover estatuas, subastarlas en Nueva York y acabar en el Met, en las casas de Hearst e incluso en sus almacenes del puerto (ver el caso de la talla de Gil de Siloe de la Cartuja de Miraflores). En este caso falta una cabeza renacentista y un cuerpo contemporáneo
    Enhorabuena de nuevo y un abrazo

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    1. Hola Antonio:
      Como siempre, muchas gracias. A saber lo que ocurriría con la cabeza y de dónde vino. Lo más probable es que la estatua fuera decapitada por los franceses y que se pusiese una de procedencia desconocida, que, a lo mejor, fue proporcionada por el mismísimo Conde de las Almenas, jeje (señalar a nuestros lectores que este señor fue un coleccionista de arte que se hizo construir una casa-museo en Torrelodones, en lo alto de una montaña, llamada Canto del Pico). Con respecto a lo del parecido a Juan Ramón o a Benavente, no tienes precio buscando parecidos razonables!!!

      Un abrazo, Jesús

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  4. Hola Jesús
    ¡cuántos tesoros perdidos y desconocidos! tu investigación es magnífica, y nos descubre uno de esos tesoros además de plantear temas interesantes.
    ¡Gracias!

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  5. Muchas gracias Mercedes. Cuanto más se busca y más se rebusca, más nos damos cuenta de lo muchísimo que hemos perdido en Madrid con las guerras, las desamortizaciones, la ignorancia y las especulaciones. Es una tristeza.

    Un abrazo, Jesús

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  6. Buenas noches Jesús,

    Me he "bebido" tu entrada. Es una pena que no se conserve prácticamente nada de esa capilla que comentas y cuyo óleo de Tintoretto presidía. Mencionas otros retratos del embajador. Aparte de los que pones en la entrada ¿hay alguno más?¿Se sabe cómo era el Tintoretto del embajador Khevenhüller?

    Un saludo

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  7. Hola Anónimo Castellano:

    Muchas gracias por tu comentario. Es una tristeza, como bien dices, lo mucho que se ha perdido en Madrid de su pasado renacentista.

    El embajador Khevenhüller fue un coleccionista de arte; la mayor parte de su colección estuvo en su casa de recreo de Arganda del Rey. Las piezas más valiosas fueron tal vez los tres cuadros de Tintoretto que compró/encargó en Venecia:

    - "El rapto de Helena", que, tras su muerte, pasó al rey Felipe III y finalmente al Museo del Prado (el embajador no tuvo herederos);

    - "Las nueve musas", que se conserva en la Colección Real en Hampton Court (Inglaterra);

    - "La Coronación de la Virgen", que terminó presidiendo su capilla funeraria en los Jerónimos, del que no se tienen noticias. No sé realmente cómo era este cuadro, lo único que se sabe es lo que dicen los cronistas: el embajador aparecía retratado junto a dos santos, ante una coronación de la Virgen.

    Un abrazo, Jesús

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  8. Soy de Arganda del Rey y estaba buscando datos sobre el Embajador, gracias por compartir!!

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  9. Gracias a ti, Adriana. Me alegra mucho que te haya gustado! Saludos, Jesús

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