lunes, 6 de octubre de 2014

Los soportales de la Calle Mayor

La Calle Mayor de Madrid se forjó en la Edad Media, como el eje que enlazaba la Puerta de la Vega, situada en la cuesta homónima, con la de Guadalajara, en las inmediaciones de la Plaza de San Miguel. Discurría sobre lo alto de una loma, entre dos vaguadas, que hoy día dan forma a las calles de Segovia y del Arenal.

Constaba de varias partes, con nombres diferentes para cada una de ellas. Entre la Cuesta de la Vega y la Plaza de la Villa era conocida como Calle de la Almudena, en alusión a la desaparecida iglesia, y desde este último recinto hasta la Puerta de Guadalajara como Platería, por los plateros que allí se establecieron, sobre todo a partir de la capitalidad.

El tercer y último tramo surgió extramuros, en dirección a la Puerta del Sol. Debido a su considerable anchura, muy superior a la de la Almudena y Platería, fue bautizado como Mayor, topónimo que, con el paso del tiempo y después de diferentes reformas urbanísticas, terminaría aplicándose al conjunto de la vía.

Calle Mayor (1872). Colección Salvador Alcázar-Nicolás 1056.

La existencia de soportales en esta calle se relaciona directamente con su dimensión comercial. No debe sorprender, por tanto, que la Plaza de la Villa, donde tenía lugar un importante mercado medieval, fuera uno de los primeros lugares de la ciudad en los que se dispuso su instalación.

En 1466 el rey Enrique IV ordenó que se levantaran pórticos en la citada plaza y, diez años después, Isabel la Católica volvería a insistir en esta idea, porque, al parecer, no se cumplió plenamente con la voluntad de su predecesor.

En las décadas siguientes el foco comercial se desplazó a la Plaza del Arrabal (actual Plaza Mayor) y a sus alrededores. El último tramo de la Calle Mayor no fue ajeno a este fenómeno y, en su contacto con la plaza, a espaldas de la Casa de Panadería, podían contabilizarse hasta cuatro gremios: joyeros, roperos, manguiteros y telas de seda.

Plano de Chalmandrier (1761), con los soportales punteados.

Todos ellos contaban con sus respectivos portales, distribuidos en ambas aceras. Aunque éstos no aparecen documentados hasta el segundo tercio del siglo XVI, cabe pensar en un origen algo anterior. Debían sostenerse sobre vigas de madera, al más puro estilo castellano, como así se desprende de unas ordenanzas de 1591, en las que el ayuntamiento instaba a la utilización de pilares de piedra.

Con la construcción de la Plaza Mayor a principios del siglo XVII, la Calle Mayor fue objeto de una especial atención por parte de los maestros mayores arquitectos, pues se entendía como una extensión de aquella, no solo desde un punto de vista urbanístico, sino también en términos de actividad económica.

Juan Gómez de Mora, a quien debemos el trazado inicial de la plaza, unificó todo el entorno llevando su modelo porticado a algunas calles adyacentes, incluida la que ahora ocupa nuestra atención. También intentó homogeneizar las fachadas de los edificios, a partir de las pautas que él mismo había empleado en la plaza.

No tuvo mucho éxito en este último empeño, debido a la resistencia de los propietarios a la anexión parcelaria. Aún así, logró una cierta imagen de unidad, transmitida precisamente por medio de los soportales y de algunas actuaciones aisladas, como la que refleja el siguiente dibujo.


Gómez de Mora (1620). Casa del Mayorazgo de Luján en la Calle Nueva (hoy Ciudad Rodrigo), en la embocadura con la Calle Mayor.

En la segunda mitad del siglo XVIII, Ventura Rodríguez redactó un proyecto para dar uniformidad a Mayor y Platería, basado igualmente en los pórticos, como una solución que permitía la correcta alineación de esquinas, embocaduras y chaflanes. No pudo llevarse a cabo.

Ventura Rodríguez (1769). Alineación de las casas que dan a la Puerta de Guadalajara.

Más ambicioso fue Juan de Villanueva, quien remodeló la Plaza Mayor tras el pavoroso incendio de 1790, que casi acabó con ella. Su plan contemplaba la ordenación de una zona muy extensa (Mayor, Postas, Toledo, San Cristóbal, Provincia, Santa Cruz, Imperial...), mediante la unificación de los ritmos compositivos y de los materiales, además de un basamento porticado en todos los edificios.

En lo que respecta a la Calle Mayor, Villanueva propuso prolongar los soportales -que, como se ha dicho, estaban concentrados en la trasera de la Casa de la Panadería- tanto al este, hasta la confluencia con la Calle de las Postas, como al oeste, a través de San Miguel y Platería.

Pero, al igual que le ocurriera a Gómez de Mora, la oposición vecinal impidió que esta iniciativa quedara materializada, más allá de puntos muy determinados, como el Portal de Cofreros, en el arranque de la Calle de Toledo (y, aún con todo, con muchas limitaciones).

Los soportales de Mayor sobrevivieron hasta el último tercio del siglo XIX, sobrepasados por un nuevo concepto del comercio, que, con la idea del escaparate como bandera, avanzaba hacia la calle buscando un contacto más directo con el cliente.

















Pero no todo se ha perdido. A pesar de que la calle ha renovado la práctica totalidad de sus edificios, aquellos pilares de piedra, replicantes de los existentes en la Plaza Mayor, continúan en pie, pero, eso sí, integrados dentro de los nuevos inmuebles construidos, que se sirven de ellos como elementos de cimentación. Todo un símbolo de que las cosas no desaparecen del todo, sino que se van asimilando.

En concreto, los pilares que han llegado hasta nosotros se distribuyen entre los números 27 a 31, 37 a 39 y 41 a 43, en la acera de los impares, y en los números 38, 44 y 50, en la de los pares. También se conservan algunos restos en la Calle del 7 de Julio, uno de los accesos con los que cuenta la Plaza Mayor.



Bibliografía

- Una propuesta urbana para la Calle Mayor, de Carlos Sambricio. Revista Oficial del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, número 307. COAM, Madrid, 1996.

- Un proyecto fracasado: las transformaciones de la Calle Mayor en el siglo XVIII, de Carlos Sambricio. Historia Contemporánea, número 24. Universidad del País Vasco, 2002.

- La Plaza Mayor en España, de Pedro Navascués Palacio. Papeles de Arquitectura Española, número 5. Fundación Cultural Santa Teresa, Diputación de Ávila, Ávila, 2002.


15 comentarios:

  1. Una entrada realmente interesante de como determinado elementos arquitectónicos se fosilizan en el entramado urbano pasando completamente desapercibidos e ignorando los ciudadanos ni su origen ni su función. Es increíble lo ajenos que somos a estos elementos hasta que alguien nos los descubre, pero es que en este caso particular no se encuentra información sobre la permanencia de los pilares de los soportales incrustados en las nuevas edificaciones.
    Saludos. Boro

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    1. Hola Boro,
      Creo que lo defines muy bien con la palabra "fosilización". Están ahí como testigos de una época pasada, ocultos, pasando desapercibidos... y eso sí que resulta curioso en una ciudad como la nuestra, donde no se ha sido muy poco respetuoso con otros "fósiles". Su asimilación por parte de las edificaciones existentes resulta asombrosa.

      Abrazos, Jesús

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    2. Entiendo que que a diferencia de los escudos nobiliarios recuperados de edificios derribados y colocados en los edificios que los sustituyen y que recuerdan lo que allí hubo, estos pilares cumplen una función de carga y eso también indica que esos mismos edificios son de los más antiguos de la calle y que no han sido reformados (en exceso).Creo que es una historia que merecería algún tipo de panel por parte del Ayto. porque estoy seguro que casi todos los madrileños e incluso muchos guías desconocen esta información.
      Muchas gracias y un saludo.

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    3. Hola Boro:
      Gracias nuevamente por tu comentario. El tema es realmente interesante, porque, tal y como señalas, revela que se han conservado elementos arquitectónicos anteriores al siglo XIX en plena Calle Mayor. Pero no sé hasta qué punto los edificios son los primitivos, al menos en sus elementos estructurales, o por el contrario se construyeron de nueva factura, conservando los pilares de los soportales, seguramente porque así lo dictaba la normativa municipal en aquellos momentos. Un misterio que, como bien dices, debería resolverse con mayores dosis de divulgación e información.

      Abrazos, Jesús

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    4. Realmente sería un caso singular que una normativa en el XIX obligase a conservar esos elementos e incluso poner de acuerdo a varios propietarios de solares para mantener un pilar entre dos edificios diferentes (http://s893.photobucket.com/user/sareku/media/27-29_zps83082cf4.jpg.html) y respetar así la distancia entre pilares (porque imagino que esta es constante). Me pregunto si en caso de derribo de un edificio (que sabemos que hoy día todo puede pasar) en la calle Mayor, en Patrimonio tendrían constancia de esta singular circunstancia y obligarían a su mantenimiento.
      Un misterio a investigar este de los pilares.
      Un abrazo, Boro.

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    5. Pues creo que nuevamente tienes razón. La fotografía que aportas es sumamente reveladora. Espero, como dices, que desde Patrimonio se tenga en cuenta del valor de todos estos elementos y edificios.

      Muchas gracias otra vez. Abrazos, Jesús

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    6. La foto no es mía que conste, la puso Sarek en urbanity.cc pero resulta increíblemente llamativa por el respeto a un elemento antiguo. Un abrazo

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  2. Hola Jesús. Interesantisima entrada. No sabia que existían los restos de antiguos soportales, al menos los pilares, en la calle Mayor, pensaba que solamente habían existido en la Plaza Mayor.
    Algo que he aprendido.
    Un abrazo.

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    1. Hola José,
      Los soportales son un elemento muy frecuente en el urbanismo de las ciudades castellanas y Madrid, como parte integrante de Castilla, no era ajena a esta tendencia, como así està documentado desde tiempos de los Trastamara. Lo sorprendente es que se hayan conservado muchos de ellos.

      Abrazos, Jesús

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  3. Hola Jesús. Este es un tipo de entrada que me apasiona. Hace mas de diez años, cuando se pusieron en marcha algunas áreas de rehabilitación del distrito centro cofinanciadas por el Ayuntamiento, se estableció para la calle Mayor la obligatoriedad de dejar al descubierto los pilares de los soportales que primero habían sido invadidos por los propios comercios y luego ocultos por portadas, marquesinas y cierres de los escaparates. Tal es el caso de la foto del local de Custo que nos muestras, edificio donde viví algunos años cuando aún estaba totalmente oculto el soportal.
    Otra curiosidad es que en el lado de los pares, entre Comandante las Morenas y Milaneses ya está todo el soportal visible, excepto en un edificio moderno situado en medio.
    Magnífico artículo y documentación. Un abrazo

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    1. Gracias a ti Antonio. No dejas de sorprendernos con tus vivencias y tus amplias y ricas experiencias laborales. Desconocía la iniciativa que señalas, pero me parece fantástica. Con razón el local de Custo está así de bonito, creo que esto da valor a los comercios.

      Gracias también por el apunte de la acera de los pares, no había estado del todo atento cuando redacté el artículo. Ya he localizado ese soportal recuperado y se encuentra en el número 38. Ahora estoy un poco liado, pero en cuanto tenga tiempo actualizo el texto (gracias nuevamente).

      Abrazos, Jesús

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    2. Hola de nuevo, además del número 38, en la siguiente manzana (frente al mercado de S. Miguel) hay restos de soportales entre los números 44 y 50.

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    3. Gracias Antonio por todos los datos que nos facilitas. Ahora mismo me pongo a actualizar el artículo.

      Abrazos, Jesús

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  4. Interesantísimo artículo, Jesús. Dice Antonio que le apasiona... y es que es realmente apasionante. Cómo las antiguas construcciones se van perdiendo, pero a la vez, como habéis comentado, ¡siempre queda algo! muchas gracias y felicidades por el excelente trabajo de "arqueología arquitectónica".

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  5. Gracias a ti, Mercedes. Son esos rastros del pasado que tanto nos apasionan y que no desaparecen con el desarrollo de la ciudad. Son como esos viajes de agua o esos pasadizos con los que nos asombras, o esos trazados de calles que revelan antiguas murallas. La ciudad nos habla, solo hay que escucharla.

    Abrazos, Jesús

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