lunes, 26 de enero de 2015

El Pabellón Real o Pabellón Árabe

Entre las numerosas edificaciones que se realizaron en el Buen Retiro a lo largo del siglo XIX, nos llama especialmente la atención el desaparecido Pabellón Real, también conocido como Pabellón Árabe o Morisco, por su estilo historicista.


Año 1887 ('La Ilustración Ibérica').

Fue inaugurado con motivo de la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales, que tuvo lugar en el año 1883 en el llamado Campo Grande, una zona del Retiro que se mantuvo silvestre hasta el reinado de Isabel II (r. 1833-1868).

El ingeniero de minas Enrique de Nouvion se hizo cargo del proyecto. Trazó un recinto cerrado con dos accesos, cuyo punto de referencia era el Pabellón Central, bautizado posteriormente como Palacio de Velázquez en honor a su arquitecto, el célebre Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923).

Desde este edificio se abría una avenida flanqueada con estatuas de rana de gran tamaño, que conducía a un lago. En la ribera meridional fue levantada una composición de rocalla, por la que caía una cascada de agua, y sobre ella el Pabellón Real, obra igualmente de Velázquez Bosco.


Año 1900 (Memoria de Madrid).

A pesar de su nombre oficial, no era un pabellón como tal, entendido como un espacio expositivo, sino que fue concebido como un hito paisajístico y, aprovechando su situación en lo alto de una pequeña loma, también como un mirador.

Aunque su apariencia nazarí podía resultar sorprendente en el contexto de una exposición industrial, era un ejemplo más del alhambrismo que triunfaba en la época. Además, estos rasgos eran percibidos como una seña de identidad nacional, como prueban los pabellones neoárabes que España llevó a casi todas las exposiciones internacionales celebradas en el siglo XIX.

No debe extrañar, por tanto, que este estilo se reservara para el pabellón que, por su topónimo alusivo a la monarquía y por su enclave privilegiado, estaba llamado a simbolizar lo hispánico.


Año 1883 (Jean Laurent, Fototeca del Patrimonio Histórico).

Estaba integrado por un cuerpo cúbico que aparentaba tener dos plantas al exterior, si bien en el interior era completamente diáfano. Sus cuatro lados estaban abiertos por una doble galería de arcos de herradura, de medio punto los inferiores y apuntados los superiores.

En la fachada que daba al lago había dispuesto un pórtico, concebido como una terraza. Se cubría con un tejado a cuatro aguas y contaba con una balaustrada, formada por una sucesión de arcos.

Por la parte trasera arrancaba una ría, que, después de un reducido recorrido, iba a desembocar a un pequeño estanque del que brotaba un surtidor, que era el que alimentaba de agua a la cascada de la rocalla.

La parte trasera a principios del siglo XIX.

El Pabellón Real se encontraba coronado con una cúpula bulbosa, adornada con escamas, pintadas inicialmente en tonos dorados, y con remate de aguja. 

Este elemento arquitectónico no debió estar listo cuando el certamen fue inaugurado el 27 de mayo de 1883, como puede comprobarse en la siguiente fotografía de Jean Laurent (1816-1886), tomada probablemente por esas fechas.


Año 1883 (Jean Laurent, Fototeca del Patrimonio Histórico).

Es posible que la cúpula fuera instalada en los meses estivales, cuando se decidió cerrar temporalmente la exposición ya que muchas instalaciones habían quedado sin concluir (el 8 de septiembre el recinto ferial reabrió sus puertas, una vez acabadas todas las obras pendientes).

Cabe pensar que Velázquez Bosco se inspirara en el trabajo de restauración que, a mediados del siglo XIX, hizo Rafael Contreras (1826-1890) en el Patio de los Leones, de la Alhambra. Uno de sus templetes fue adornado con una cúpula de escamas vidriadas, que históricamente nunca existió.


Segunda mitad del siglo XIX (Jean Laurent).

Tras celebrarse la Exposición Nacional de Minería, el Campo Grande del Retiro fue nuevamente intervenido para acoger otro gran evento, la Exposición General de las Islas Filipinas, que se desarrolló durante el verano y otoño de 1887.

El entorno del Pabellón Real fue modificado sustancialmente. En la ribera occidental del lago Velázquez Bosco construyó el majestuoso Palacio de Cristal que todos conocemos, al tiempo que amplió la superficie acuática, para facilitar la navegación de embarcaciones indígenas, traídas ex profeso desde la antigua colonia. 


Año 1908 ('La Ilustración Española y Americana').

Esos paseos en barca se prolongaban más allá del estanque, a través de una nueva ría, excavada para la ocasión, que llegaba hasta la llamada Ría de Patinar, un estanque con isla creado en 1876 para la práctica del patinaje sobre hielo.

El Pabellón Real volvió a ser utilizado en 1908, durante la Exposición General de Bellas Artes. Si bien no albergó ninguna muestra, fue uno de los escenarios del acto inaugural, que contó con la presencia de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.


Año 1908 ('La Ilustración Española y Americana').

A principios del siglo XX fue cegada la ría a la que nos acabamos de referir, mientras que el Pabellón Real desapareció en la década de los cincuenta, debido su avanzado deterioro. Afortunadamente, sí que hemos conseguido conservar el Palacio de Velázquez y el conjunto formado por el Palacio de Cristal, el lago y la estructura de rocalla, aunque ésta de modo parcial.

En palabras del historiador alemán Adrian von Buttlar (1948), se trata de "la mejor parcela de trazado paisajista de la segunda mitad del siglo XIX". Casi nada.

8 comentarios:

  1. Hola Jesús. Al menos para mi, es todo un descubrimiento. No tenia ni idea de su existencia, y es una pena su perdida.
    Como dices, menos mal que se conserva el Palacio de Cristal, y su entorno en el lago.
    Un abrazo.

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    1. Hola José:
      Me alegro de que te haya gustado. Como siempre decimos, son tantas las cosas que han desaparecido en Madrid que es imposible abarcarlas todas.

      Abrazos, Jesús

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  2. ¡Qué bonito post, Jesús! y qué pena que se perdiera el pabellón, debía ser precioso, ¿te imaginas que aún existiera, junto a los Palacios de Cristal y Velázquez? para mí uno de los lugares más singulares y con más encanto de Madrid.
    Nadie describe y explica las características de los edificios como tu, tan completo y tan claro, enhorabuena.
    Abrazos
    (PD: y muchas gracias por el enlace)

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    1. Muchas gracias Mercedes por tus palabras. Sería una estampa preciosa, el Palacio de Cristal, el lago, la gruta de rocalla y encima de ésta, el precioso Pabellón Real. Estoy de acuerdo contigo, ese paraje (que sorprendentemente muchos turistas pasan por alto) es asombroso.

      Abrazos, Jesús

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  3. Hola Jesús, por un momento creí que estaba en Chicago, Londres o París. ¡Qué pabellón más impresionante! y que pena su pérdida. Si estuvieramos en otras circunstancias proponía que se reconstruyera ya. Enhorabuena por el trabajo, buenísimo e inédito (al menos para mi).
    Un abrazo.

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  4. Hola Antonio:
    Muchas gracias por tu comentario. Pues no sería mala idea poder reconstruir este pabellón... Tendríamos un enclave impresionante. Así evocaríamos, como bien dices, esos pabellones neoárabes que España mandaba a las exposiciones universales de la época.

    Abrazos, Jesús

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    1. No soy muy fan de las reconstrucciones y los falsos históricos, pero es que cuesta sustraerse del encanto del espacio que se crearía en torno a ese estanque, sin una gran inversión y sin necesidad de destrozar mucho (habría que ver si hay árboles en el lugar), así que supongo que no pasa nada porque en el estanque se rehiciera este templete a partir de las fotografías y planos que seguro se conservan en el AGA si es que fue obra de un ministerio o en el archivo privado del arquitecto. Si no, tal vez se podría probar con una creación contemporánea que recogiera el espíritu del espacio aunque esto sería bastante más polémico

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  5. Hola Boro:
    Interesante debate el que planteas con el tema de las reconstrucciones históricas. Yo tampoco soy muy partidario, pero creo que algunas sí que deberían emprenderse, por la magnitud o valor simbólico de lo perdido. En este caso, creo que todos coincidimos: es tanto lo que se ganaría en ese paisaje (quedaría aún más redondo) que no podemos resistirnos a proponerlo. Con respecto a la creación contemporánea, pues sí, seguro que no escaparía a la polémica. En fin, que por soñar que no quede.

    Un abrazo, Jesús

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