lunes, 13 de abril de 2015

La Casa de Campo, una mirada a su pasado renacentista (1): el palacete

Cuando están a punto de concluir las obras de acondicionamiento del Palacete de los Vargas, en la Casa de Campo, conviene recordar que, a pesar de encontrarse desfigurada, estamos ante una de las escasas villas de recreo que se realizaron en España en el siglo XVI y que, a su alrededor, fue trazado uno de los primeros jardines renacentistas de nuestro país.



El Palace de los Vargas, aún en obras, en abril de 2015. Arriba, la fachada sur y abajo, la fachada norte.

Se desconoce en qué momento la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid antiguo, se hizo construir una casa de campo en la margen derecha del río Manzanares, lejos del casco urbano, siguiendo una tradición muy arraigada en Italia, pero que en España era una auténtica rareza.

Si hacemos caso a Fray Lorenzo de Nicolás (Arte y uso de la arquitectura, 1663), fue edificada en 1519, cuando el citado linaje estaba encabezado por Francisco de Vargas y Medina. Pero si analizamos los dibujos de la época, quizá habría que posponer la fecha algunas décadas, dadas sus aparentes vinculaciones con la arquitectura cortesana del segundo tercio del siglo XVI.

Tampoco se sabe a ciencia cierta quién fue su autor, si bien diferentes investigadores aventuran que pudo ser Antonio de Madrid, también conocido como Maestre Antonio, un alarife y carpintero que trabajó en el Real Alcázar y en el Monasterio de Santo Domingo.

De lo que no hay ninguna duda es que el palacete ha ejercido una fuerte atracción sobre los reyes. No solo Carlos I pasó algunas temporadas en él, sino que pudo ser habitada por Francisco I de Francia durante su cautiverio en Madrid, al menos mientras duraron las obras de reparación de las dependencias que tenía asignadas en el Real Alcázar, donde estaba retenido.


 Château de Madrid, Bois de Boulogne, París.

De esta manera, el monarca galo conoció de primera mano la Casa de Campo, que, a juicio de algunos autores, sirvió como modelo al desaparecido Château de Madrid, el soberbio palacio que mandó levantar en el Bois de Boulogne, en París, emulando la configuración flanqueada y las galerías porticadas de aquella, además de su entorno forestal.

Una hipótesis que parece quedar avalada por el nombre que adoptó el edificio parisino y que, en cualquier caso, nos llevaría a admitir que la Casa de Campo ya estaba hecha en 1526, cuando Francisco I llegó preso a Madrid. Y es muy posible que así fuera, toda vez que ya aparece en el dibujo que Jan Cornelisz Vermeyen realizó hacia 1534, considerado como la vista más antigua de la ciudad.



'El Castillo de Madrid', de Jan Cornelisz Vermeyen (h. 1534). Abajo, detalle de la Casa de Campo. Metropolitan Museum, Nueva York.

El Palacete de los Vargas sería así anterior a las reformas que Carlos I emprendió en 1537 en el Alcázar, con lo que no cabría establecer ninguna conexión entre sus galerías porticadas y la Galería del Cierzo, una de las mejoras promovidas por el emperador en la fortaleza.

Pero si hay que hablar de un rey enamorado de la Casa de Campo ése no es otro que Felipe II. Desde que en 1552 realizara las primeras anexiones de terrenos en el Camino de Aravaca hasta la compra definitiva del palacete en 1562, de manos de Fadrique de Vargas, nieto de Francisco de Vargas, su interés por crear una villa suburbana a los pies del Alcázar llegó a ser casi una obsesión.


'Carta de privilegio otorgada por Felipe II a favor de Fadrique de Vargas Manrique como pago de un terreno denominado la Casa de Campo'. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

La Casa de Campo era una pieza clave dentro del ambicioso plan urbanístico que Felipe II concibió para su establecimiento en Madrid. Era un espacio de integración con el medio natural, en el que se diferenciaban parajes agrestes, cotos de caza, huertas y jardines, cada uno de ellos con una funcionalidad propia, dentro del ideal renacentista de la 'naturaleza urbanizada'.

Era la primera vez que este concepto se aplicaba en España y, aunque prácticamente no quedan rastros, su espíritu pervive en otras actuaciones desarrolladas por el monarca. Es el caso de La Granjilla de La Fresneda, en el Real Sitio de El Escorial, que se hizo a imagen y semejanza de la Casa de Campo.

Pero dejemos este tema para las siguientes entregas y centrémonos ahora en el primitivo Palacete de los Vargas, antes de que se convirtiese en una de las posesiones más preciadas de los reyes.

El palacete en tiempos de los Vargas

Todos los investigadores sostienen que, en líneas generales, el palacete mantuvo su apariencia original hasta 1767, cuando fue remodelado por Francesco Sabatini con un diseño neoclásico. No así su entorno, que, nada más procederse a la compra, fue objeto de transformaciones paisajísticas muy significativas, bajo la dirección del arquitecto Juan Bautista de Toledo (1515-1567).

Una afirmación que queda respaldada por las distintas obras gráficas en las que se refleja la casa, realizadas a lo largo de sus dos primeros siglos de existencia. En todas ellas aparece con los mismos rasgos, al margen de ligeras variaciones, que no pueden entenderse como sustanciales.




'Vista de Madrid', de Anton Van der Wyngaerde (1562). Biblioteca Nacional de Austria, Viena.

Del siglo XVI se conservan el ya citado dibujo de Vermeyen, anterior en casi treinta años a la adquisición del palacete por parte del rey, y las vistas de Madrid que Anton Van der Wyngaerde terminó en 1562, el mismo año que Felipe II consiguió la propiedad.

Este último pintor hizo una aguada y un dibujo a tinta, considerado como preparatorio, que, pese a ello, nos ofrece un mayor grado de nitidez. Reproducimos las dos obras, con sus respectivos detalles de la Casa de Campo.



'Vista de Madrid' (dibujo preparatorio), de Anton Van der Wyngaerde (1562). Biblioteca Nacional de Austria, Viena.

Respecto al siglo XVII, la representación más importante es el cuadro Paisaje de la Casa de Campo, que Félix Castello pintó en 1634. Aquí tampoco se observan alteraciones arquitectónicas de calado, con lo que podemos hacernos una idea muy precisa de cuál era el aspecto primigenio del edificio, según fue proyectado en la primera mitad del siglo XVI.


'Paisaje de la Casa de Campo', de Félix Castello (1634). Museo de Historia de Madrid.

Tanto se respetó su trazado que ni siquiera fueron retiradas las armas blasonadas de los Vargas, que habían sido labradas en los capiteles de las arquerías. Algo que el historiador Jerónimo de Quintana (1576-1644) justificó poniendo en boca de Felipe II las siguientes palabras: "dexadlas, que las que son de vasallos tan leales, bien parecen en casa de los reyes".

Diferentes investigadores justifican que no se interviniese sobre el palacete en las enseñanzas del pensador y arquitecto genovés Leon Battista Alberti (1414-1472). Sus recomendaciones de respetar al máximo los edificios heredados debieron ser tenidas en cuenta por Juan Bautista de Toledo y quizá también por el propio rey, que no era ajeno a los libros del italiano.

Aunque, en el fondo, tal vez prevaleciera una razón tan simple como que el monarca se sintiese muy a gusto con la casa, tal y como la había recibido de los Vargas. La rotunda frase “tiene de todo”, que su secretario, Pedro del Hoyo, pronunció antes de efectuarse la compra, parece jugar a favor de este argumento.

Como se aprecia en el dibujo de Van der Wyngaerde, el palacete estaba casi pegado al arroyo Meaques, cuyo cauce fue posteriormente desviado para evitar humedades e inundaciones. No existía un camino que facilitase el acceso directo y estaba rodeado de una frondosa masa arbórea.

Era de dos plantas y estaba integrado por tres volúmenes, los dos laterales de planta cuadrangular, de mayor altura y en disposición saliente con respecto al central, que era rectangular. Los cuerpos de los lados tenían cubiertas escalonadas, a cuatro aguas, y presentaban una ligera asimetría, provocada por una distribución diferente de los arcos y los vanos.

Pero, como se ha apuntado, su característica principal era la presencia de una doble galería porticada en todos los frentes, un dato muy elocuente, ya que nos informa de su función contemplativa y ratifica el carácter recreativo que poseía todo el conjunto.

La galería superior estaba formada por arcos de medio punto y la inferior por arcos rebajados, en ambos casos sostenidos por columnas muy finas y con bóvedas de arista.

Junto al edificio se alzaban modestos pabellones de tapial, que probablemente se utilizaban como almacenes o, incluso, como viviendas para los labradores de las huertas vecinas.


Detalle del cuadro anterior.

Según Pedro Navascués, Carmen Ariza y Beatriz Tejero, la Casa de Campo expresa "el carácter de la arquitectura renacentista española inmediatamente anterior a la arquitectura escurialense", muy lejos del tono oficial de ésta y con un "vitalismo alegre", que entronca con el espíritu de las pocas villas suburbanas construidas en España en el siglo XVI.

A pesar de sus elementos castizos, como su fábrica de ladrillo o sus conexiones con modelos toledanos, la influencia italiana en el trazado era evidente. No solo porque se importaba de Italia el propio concepto de casa de campo, sino porque su configuración flanqueada, con dos cuerpos laterales en saliente, era igualmente originaria de este país. 
- La Casa de Campo, una mirada a su pasado renacentista (3): los jardines (próximamente)

Bibliografía

La Casa de Campo, más de un millón años de historia, de José Luis Fernández, Ángel Bahamonde, Paloma Barreiro y Jacobo Ruiz del Castillo. Lunwerg Editores, Madrid, 2003.

La Casa del Campo, de Pedro Navascués, Carmen Ariza y Beatriz Tejero. En Agricultura de los Jardines, de Gregorio de los Ríos. Ediciones Amberley, Madrid, 2009.

La Casa de Campo, de bosque real a parque madrileño, de Luis Miguel Aparisi Laporta. Ediciones Amberley, Madrid, 2009.

De Madrid à Paris: François Ier et la Casa de Campo, de Fernando Marías. Revue de l’Art, número 91, París, 1991.

13 comentarios:

  1. Hola Jesús, es uno de los artículos que no se leen sino que se "devoran". Las fuentes documentales, las citas a Jerónimo de la Quintana y a Alberti, las imágenes tan detalladas, en fin, todo el trabajo es espectacular y nos quedamos con ganas de más, de los estanques y jardines y luego los de la Fresneda (si es que queda algo después del trajín con tanto rodaje de series para tv y películas).
    Leí que, durante la restauración, habían recuperado algún elemento original en las fachadas laterales y norte, no se si del XVI o de la reforma de Sabatini. Ya solo falta que propongas alguna fuente ad hoc de las que tienen desmontadas en los cercanos almacenes municipales para alegre esa austera fachada sur.
    Felicidades por la serie y un abrazo.

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    1. Hola Antonio:
      Muchas gracias, pero no es mío el mérito, sino de un montón de autores, que han investigado sobre la Casa de Campo. Espero algún día escribir algo sobre La Granjilla de la Fresneda, me encantaría. Solo espero que este lugar nos dure mucho tiempo y que quede a salvo de la codicia especulativa. Es el gran desconocido del legado de Felipe II.

      Desconozco si, durante las obras del palacete, aparecieron o no restos del XVI. Aunque han intentado devolverle su apariencia neoclásica, me da la sensación de que no se han detenido mucho en ir más allá, de lo contrario nos habríamos enterado. Creo que los arcos a los que te refieres son los que Sabatini dispuso en la fachada norte, la más desconocida, porque, ahora mismo, es prácticamente inaccesible, a no ser que te cueles. Salieron fotografiados en El País, cuando se anunció la remodelación. Aparecían sin el enfoscado, con ladrillo visto, y todos creímos (yo el primero) que podían ser los renacentistas de la construcción primitiva. Pero me temo que no, que son los de Sabatini (que, por cierto, no creo que éste fuera uno de sus mejores trabajos).

      Abrazos, Jesús

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    2. (continúo)
      Estoy seguro de que algunos de los arcos originales, con sus capiteles labrados con las armas de los Vargas, siguen ahí, dentro de las arcadas de la fachada norte (que, precisamente, están formadas por arcos rebajados, como se ve en los dibujos y pinturas del XVI y XVII). De ser así, espero que algún día los dejen al descubierto, como ocurre en las Descalzas, donde pueden verse las columnas primitivas del claustro.

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  2. Jesús, suscribo todo lo dicho por Antonio.
    Gracias y, por favor, sigue

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    1. Muchas gracias Rafael. Aprovecho para felicitarte por tu libro "La muralla reciclada" (estoy esperando a que me lo traigan por correo) y, de manera anticipada, por tu participación esta tarde en las tertulias de Carlos Osorio.

      Abrazos, Jesús

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  3. Enhorabuena, Jesús, has escrito un post precioso, apasionante tema. Ojalá sea como dices, que aparezcan los arcos originales algún día y queden al descubierto.
    Hace mucho que no voy por ahí, así que no he visto el palacio restaurado, ni cómo van las grutas... tengo que darme un paseo.
    ¡Esperamos la continuación!
    Un abrazo

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    1. Hola Mercedes:
      Muchas gracias por tus palabras. Creo que el palacete ha ganado con esta remodelación, puesto que se ha intentado recuperar el aspecto de la reforma de Sabatini y se ha quitado todo lo añadido durante el siglo XX. Pero no sé hasta qué punto se han hecho trabajos arqueológicos... Tengo la sensación de que no. ¡Otra vez será!

      Un abrazo, Jesús

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  4. Hola Jesús. Estoy de acuerdo con las opiniones sobre lo espectacular del trabajo de esta entrada. Enhorabuena!.
    El otro día pasé por allí, y aun esta con vallas y no se ve bien. Espero que hagan un trabajo decente, y ya podían haber aprovechado para meterle mano, también a Las Grutas, pero eso me temo que es otro cantar y no están por la labor.
    Un abrazo.

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    1. Hola José:
      Muchas gracias por tu mensaje. Todavía no han acabado y está todo manga por hombro. No sé si se quedarán solo en el palacio o si continuarán con las Grutas. Me temo que los trabajos en éstas se encuentran bloqueados ¡y ahora con las Elecciones!

      Abrazos, Jesús

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  5. Fantástica entrada y esperando las siguientes. Todas tus entradas dedicadas a los viejos jardines de la capital son espectaculares (aun recuerdo los del Alcázar). Muchas gracias.
    Yo al ver las columnas de granito también pensé que podían ser las renacentistas, pero veo en tus fotos iniciales que son de la fachada trasera. No se si habrá hecho, si no debería levantar todo el enfoscado en el edificio y llegar al ladrillo para ver lo que queda del edificio original. ¿queda algo? Por cierto no pensarán dejar tapiados esos arcos, no le veo el sentido.
    Un saludo.

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  6. Hola Boro:
    Muchas gracias por tus palabras (muy generosas). Espero que no dejen tapiados los arcos traseros y que los quiten cuando acaben las obras y den utilidad al edificio. Como he comentado antes, me da la sensación de que no han hecho trabajos arqueológicos, de lo contrario creo que nos hubiésemos enterado, por muy poco que hubiera aparecido. Lo que salió en "El País" creo que era más bien una declaración de intenciones (el autor -me parece que era Fraguas- animaba a que se hicieran esos trabajos). Pero, viendo esos arcos rebajados de la fachada norte, la imaginación se desborda y casi visualizo, debajo del enfoscado, los arcos renacentistas primitivos.

    Gracias nuevamente, Jesús

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  7. Aunque un poco tarde, me gustaría comentar que sí se han realizado trabajos de arqueología en el Palacete de Los Vargas, corrieron a cargo de Manuel Silvestre que vigiló al arquitecto Municipal Cleto Barreiro. Sí aparecieron restos del palacio renacentista, ya que se descubrió todo el enfoscado, sobre todo en la fachada sur. Precisamente se examinaron los materiales y las conclusiones fueron que había restos de las arcadas renacentistas que Sabatini tapó y antes que él en 1734 Juan Román. Lo que más interesa ahora es saber qué uso se le va a dar al palacete. Felicidades por el trabajo, aunque hay nuevos descubrimientos que corrigen algunos de los datos que apuntas. Se podría decir que la historia de la Casa de Campo está por escribir.

    Rafa

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  8. Hola Rafa.
    Muchas gracias por las informaciones que aportas. Me alegra mucho saber que se conservan restos de esas arcadas renacentista y solo espero que se puedan documentar y divulgar bien. Tienes mucha razón, sobre la Casa de Campo aún hay mucho que descubrir.

    Abrazos, Jesús

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