martes, 6 de julio de 2010

La Puerta de la Huerta de la Salud

Nos dirigimos al Distrito de Hortaleza, concretamente al Parque Huerta de la Salud, para visitar la puerta del mismo nombre, que fue erigida a mediados del siglo XVIII.


Cara septentrional.

Llama la atención hallar una puerta de tipo monumental tan lejos del centro histórico, pero debemos tener en cuenta que su actual configuración, a modo de entrada triunfal, es el resultado de una reciente intervención arquitectónica, que modificó significativamente su trazado inicial, su emplazamiento y su estilo artístico.

Historia

La puerta se levantó en el año 1749 como acceso de la quinta del Cristo de la Salud, que perteneció a los Duques de Frías. Se trataba de una hacienda concebida para el ocio y el esparcimiento de sus propietarios, en la línea de las muchas existentes en el siglo XVIII en la periferia de Madrid, casi todas ellas en manos de la nobleza.


Imagen antigua, donde se aprecian las distintas inscripciones de la puerta.

El uso recreativo que se le daba a la finca queda patente en la inscripción que hay grabada en el dintel de la puerta, donde figura la siguiente máxima del poeta latino Ovidio: GAUDIA SUNT NOSTRO PLUSQUAM REGALIA RURI / URBE HOMINES REGNANT VIVERE RURE DATUR / AÑO DE 1749 (aunque los hombres reinan en las ciudades, sus mejores gozos residen en la vida campestre).

A finales del siglo XIX, la quinta fue adquirida por Pedro Tovar Gutiérrez, notario, abogado y concejal del Ayuntamiento de Madrid, quien la transformó en un complejo agrícola-industrial, dándole el nombre de Huerta de la Salud, que es el que se mantiene en la actualidad.

El nuevo propietario dejó constancia de los cambios realizados colocando una placa conmemorativa en el frontal de la puerta, justo encima de la primitiva inscripción de los Duques de Frías. En ella puede leerse la siguiente leyenda: HUERTA DE LA SALUD / REEDIFICADA EN 1894.

Las construcciones que ya existían en la finca fueron adaptadas a su nueva función industrial, al tiempo que se levantaron otras instalaciones, como silos, graneros y establos. Con respecto a la puerta, quedó integrada dentro de un edificio de nueva creación, lo que alteró parcialmente su diseño original.


La puerta en 1979, cuando todavía formaba parte de un edificio.

Todo ello fue derribado en el último cuarto del siglo XX. El solar fue aprovechado para levantar el actual Parque Huerta de la Salud, varios bloques de viviendas y diversos equipamientos públicos.

Sólo se salvaron un silo, que se utiliza como sala de exposiciones, y la puerta que ocupa nuestra atención, convertida en una de las principales señas de identidad no sólo del parque, sino de todo el distrito.

Descripción

La puerta presenta en la actualidad un aire triunfal que nunca tuvo, fruto de los trabajos llevados a cabo en 1999, cuando fue sacada del edificio en el que estaba encajada y llevada, como un conjunto independiente, a una explanada del Parque Huerta de la Salud.

Con tal fin fueron incorporados elementos arquitectónicos completamente nuevos, ya que la puerta no fue diseñada para estar aislada, sino como parte integrante de una cerca, que, como se acaba indicar, dejó paso más adelante a una edificación.

Con todos estos añadidos, se limó la apariencia tardobarroca que la puerta tuvo cuando que fue construida, adoptándose un aire netamente neoclásico.

Pese a los esfuerzos realizados y los loables intentos de recuperación, el resultado final es un cierto efecto de desestructuración. Extremo que se aprecia, sobre todo, en la cara septentrional, donde precisamente están colocadas las piezas originales del siglo XVIII. Éstas son las jambas delanteras, los capiteles moldurados, el dintel con inscripción y el frontón triangular.

Aunque se ha respetado fielmente la disposición que tuvieron en sus orígenes, sus dimensiones no parecen las adecuadas en el contexto actual, con una estructura mucho más grande que antes, al haberse añadido dos cuerpos laterales.

El frontón, en concreto, resulta demasiado pequeño teniendo en cuenta el ancho y alto que ahora mismo presenta la puerta (6,30 x 5 metros, respectivamente).

Todo ello resta esbeltez al monumento, sin que los remates decorativos incorporados, dos piñas de piedra situadas a ambos lados del frontón, corrijan la sensación de mole que finalmente se transmite.


Cara meridional.

La cara meridional es de nueva factura y, tal vez por ello, resulta algo más armónica. Se trata de una fachada de sillares almohadillados, enmarcada por dos medias columnas dóricas, que sostienen un entablamento simplificado.

En cuanto a la fábrica, se ha empleado mayoritariamente sillería de granito, acompañada de piedra de caliza y mármol blanco.

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La serie "Las otras puertas de Madrid" consta de estos otros reportajes:
- La Puerta del Labrador
- Las puertas del Palacio del Infante
- Cuatro puertas fuera de contexto
- La Puerta de Felipe IV
- La Puerta Real

3 comentarios:

  1. Curiosa historia la de esta puerta.

    Tienes razón en que le han quitado la personalidad que tiene, y en mi opinión lo han "alcaláizado" (si, me he inventado una palabra). Por un lado me parece mal porque le resta esa personalidad y esa historia que ya tiene por méritos propios, pero también es verdad que de otra manera seguramente pasaría desapercibida.

    No conozco personalmente la puerta, así que tendré que ir a buscarla. Un abrazo Jesús.

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  2. Hola Jesús, muchas gracias por contar esta historia tan desconocida, al menos para mí.
    saludos!

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  3. Es curiosa la inscripción. ya destestaban la vida en la ciudad y apreciaban el campo antes.
    Interesante Puerta nunca había ni oido hablar de ella.

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