En el primer cuarto del siglo XVII, Madrid fue adornada con distintos elementos urbanos de porte monumental, hechos con materiales suntuosos como el mármol o el bronce.
Existía el deseo de que la recién estrenada capital de España tuviera una apariencia digna de tal rango y, para ello, se siguió la línea ornamental de otras ciudades europeas.
Existía el deseo de que la recién estrenada capital de España tuviera una apariencia digna de tal rango y, para ello, se siguió la línea ornamental de otras ciudades europeas.
Una de las vías utilizadas para el embellecimiento de las calles fueron las fuentes públicas. En apenas dos años, entre 1617 y 1618, fueron proyectadas siete fuentes artísticas, todas ellas inspiradas en temas mitológicos.
El arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora (1586-1648) se responsabilizó de las fuentes de las plazas de la Provincia y de la Cebada, las dos primeras que vieron la luz dentro del citado plan urbanístico. Fueron diseñadas en 1617 y terminadas en un plazo relativamente corto.
Un año después, el escultor toscano Rutilio Gaci (1570-1634) proyectó las otras cinco, si bien su ejecución se demoró hasta las postrimerías del reinado de Felipe III (r. 1598-1621) e, incluso, a la llegada del rey Felipe IV (r. 1621-1665).
En ellas colaboraron maestros españoles como Francisco del Valle, Antonio de Riera y Francisco del Río. Fueron colocadas en las plazas de las Descalzas Reales, del Salvador, de la Puerta Cerrada, de la Puerta de Moros y de la Puerta del Sol.
Un elemento común era la presencia de un remate escultórico, generalmente de carácter mitológico. Para ello fue clave la actuación del mercader florentino Ludovico Turchi, que vendió al consistorio madrileño varias esculturas que él había adquirido previamente en Italia.
De todo este fascinante conjunto no queda casi nada, al margen de unos cuantos vestigios diseminados por diversos puntos de Madrid, correspondientes a cinco de las siete fuentes proyectadas en el primer tercio del siglo XVII.
Seguimos su pista a través de la serie de reportajes "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas", que consta de estos artículos:
Fuente de Orfeo. La escultura original de Orfeo forma parte de la colección del Museo Arqueológico Nacional. Es el único resto que ha llegado a nuestros días de la primitiva fuente de la Plaza de la Provincia, diseñada por Gómez de Mora en 1617. En 1998 se hizo una reproducción de la fuente, ubicada junto a uno de los soportales de la plaza (más información).
Fuente de Diana. Fue diseñada por Rutilio Gaci e instalada en la Plaza de Puerta Cerrada. Se conserva el grupo escultórico de Diana Cazadora y dos delfines, integrados en el frontal de la decimonónica Fuente de la Cruz Verde, en la plaza del mismo nombre (más información).
Fuentes de la Fe y de las Arpías (la Mariblanca). La Fuente de la Fe fue diseñada en 1618 por Rutilio Gaci. En 1727 fue destruida y sustituida por otra fuente, obra de Pedro de Ribera, conocida como de las Arpías. El único vestigio de ambas es la popular estatua de la Mariblanca, que estuvo presidiendo las dos construcciones. La figura original se encuentra en la Casa de la Villa, mientras que en la Puerta del Sol y en el Museo de la Ciudad se exhiben dos modernas réplicas (más información).
Fuente de la Abundancia. Esta obra de Gómez de Mora estuvo en la Plaza de la Cebada hasta principios del siglo XIX, cuando fue derribada. Algunos elementos arquitectónicos se salvaron y fueron aprovechados para construir La Fuentecilla, un monumento levantado en 1815 en honor de Fernando VII. Existe una escultura en el Museo de Historia de Madrid, que algunos autores identifican con la imagen de la Abundancia, que decoró la parte superior de la fuente (más información).
Fuente de Endemión. Proyectada por Rutilio Gaci, estuvo instalada en la Carrera de San Francisco, a la altura de la Plaza de la Puerta de Moros, hasta mediados del siglo XIX. Alojó dos grupos escultóricos, un Neptuno realizado por Manuel Pereira, del que no hay rastro alguno; y una estatua de Endimión, que fue llevada en 1850 a la Fuente de Lavapiés, que también ha desaparecido. La escultura se salvó de la piqueta y se conserva en el Museo de Historia de Madrid (más información).
El arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora (1586-1648) se responsabilizó de las fuentes de las plazas de la Provincia y de la Cebada, las dos primeras que vieron la luz dentro del citado plan urbanístico. Fueron diseñadas en 1617 y terminadas en un plazo relativamente corto.
Un año después, el escultor toscano Rutilio Gaci (1570-1634) proyectó las otras cinco, si bien su ejecución se demoró hasta las postrimerías del reinado de Felipe III (r. 1598-1621) e, incluso, a la llegada del rey Felipe IV (r. 1621-1665).
En ellas colaboraron maestros españoles como Francisco del Valle, Antonio de Riera y Francisco del Río. Fueron colocadas en las plazas de las Descalzas Reales, del Salvador, de la Puerta Cerrada, de la Puerta de Moros y de la Puerta del Sol.
Un elemento común era la presencia de un remate escultórico, generalmente de carácter mitológico. Para ello fue clave la actuación del mercader florentino Ludovico Turchi, que vendió al consistorio madrileño varias esculturas que él había adquirido previamente en Italia.
De todo este fascinante conjunto no queda casi nada, al margen de unos cuantos vestigios diseminados por diversos puntos de Madrid, correspondientes a cinco de las siete fuentes proyectadas en el primer tercio del siglo XVII.
Seguimos su pista a través de la serie de reportajes "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas", que consta de estos artículos:
Fuente de Orfeo. La escultura original de Orfeo forma parte de la colección del Museo Arqueológico Nacional. Es el único resto que ha llegado a nuestros días de la primitiva fuente de la Plaza de la Provincia, diseñada por Gómez de Mora en 1617. En 1998 se hizo una reproducción de la fuente, ubicada junto a uno de los soportales de la plaza (más información).
Fuente de Diana. Fue diseñada por Rutilio Gaci e instalada en la Plaza de Puerta Cerrada. Se conserva el grupo escultórico de Diana Cazadora y dos delfines, integrados en el frontal de la decimonónica Fuente de la Cruz Verde, en la plaza del mismo nombre (más información).
Fuentes de la Fe y de las Arpías (la Mariblanca). La Fuente de la Fe fue diseñada en 1618 por Rutilio Gaci. En 1727 fue destruida y sustituida por otra fuente, obra de Pedro de Ribera, conocida como de las Arpías. El único vestigio de ambas es la popular estatua de la Mariblanca, que estuvo presidiendo las dos construcciones. La figura original se encuentra en la Casa de la Villa, mientras que en la Puerta del Sol y en el Museo de la Ciudad se exhiben dos modernas réplicas (más información).
Fuente de la Abundancia. Esta obra de Gómez de Mora estuvo en la Plaza de la Cebada hasta principios del siglo XIX, cuando fue derribada. Algunos elementos arquitectónicos se salvaron y fueron aprovechados para construir La Fuentecilla, un monumento levantado en 1815 en honor de Fernando VII. Existe una escultura en el Museo de Historia de Madrid, que algunos autores identifican con la imagen de la Abundancia, que decoró la parte superior de la fuente (más información).
Fuente de Endemión. Proyectada por Rutilio Gaci, estuvo instalada en la Carrera de San Francisco, a la altura de la Plaza de la Puerta de Moros, hasta mediados del siglo XIX. Alojó dos grupos escultóricos, un Neptuno realizado por Manuel Pereira, del que no hay rastro alguno; y una estatua de Endimión, que fue llevada en 1850 a la Fuente de Lavapiés, que también ha desaparecido. La escultura se salvó de la piqueta y se conserva en el Museo de Historia de Madrid (más información).

Restos escultóricos de las primeras fuentes barrocas madrileñas. De derecha a izquierda: Endimión (en el Museo de Historia de Madrid), Diana Cazadora (en la Fuente de la Cruz Verde), la Mariblanca (original de la Casa de la Villa), Orfeo (en el Museo Arqueológico Nacional) y, posiblemente, la Abundancia (en el Museo de Historia de Madrid).
Hola Jesús, se ve que la pobre Mariblanca y sus réplicas están condenadas a deambular por Madrid, lo que tiene cierta gracia. Pero esta última parada me parece un sinsentido. La han convertido en otro de los "chirimbolos" que inundan la Puerta del Sol, en un lugar absurdo que no es foco de nada y mirando hacia no se sabe donde. No llega a parecer uno de los "ninots" que el anterior alcalde repartió por Madrid pero se acerca bastante. Tampoco la situación del oso y el madroño es acertada...pero ese es ya otro tema.
ResponderSuprimirSaludos
Hola Marcelo. Qué bueno!! Creo que es muy acertado tu calificativo de "ninots" a los elementos urbanos colocados por el anterior alcalde. Estoy de acuerdo contigo con el aspecto final de la plaza, es como un bazar, donde se suceden de forma desordenada chirimbolos sin sentido. Me da mucha pena que no sepamos encontrar un modelo urbanístico para dar fisonomía y sentido a nuestros espacios públicos. En fin, que un abrazo muy fuerte, Jesús
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