Fueron diseñadas por el arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora (1586-1648) y por el escultor toscano Rutilio Gaci (1570-1634). Por su parte, el mercader florentino Ludovico Turchi jugó un papel clave, con su labor de compra-venta de esculturas, destinadas a decorar las fuentes.
Todas ellas fueron demolidas en el siglo XIX, aunque se conservan varias piezas aisladas, depositadas en diferentes museos o recicladas en otras fuentes. Éste es el caso de La Fuentecilla, en la Calle de Toledo, cuyo cuerpo principal perteneció a la Fuente de la Abundancia. O de la Fuente de la Cruz Verde, en la plaza homónima, adornada con la Diana Cazadora que estuvo en la Plaza de Puerta Cerrada.
La Fuente de Endimión, en concreto, fue instalada en 1635 en la Carrera de San Francisco, a la altura de la Plaza de la Puerta de Moros.
Su autor fue Rutilio Gaci, si bien su ejecución correspondió al maestro de cantería Martín de Gortairy, que años antes había levantado la Fuente de la Abundancia, según un proyecto de Gómez de Mora, firmado en 1617.
La Fuente de Endimión, en concreto, fue instalada en 1635 en la Carrera de San Francisco, a la altura de la Plaza de la Puerta de Moros.
Su autor fue Rutilio Gaci, si bien su ejecución correspondió al maestro de cantería Martín de Gortairy, que años antes había levantado la Fuente de la Abundancia, según un proyecto de Gómez de Mora, firmado en 1617.

La fuente se identifica en el plano de Pedro Texeira (1656) con el número 50.
En sus más de dos siglos de existencia, la fuente ha tenido dos coronaciones. La primera de ellas, una escultura de Neptuno con un tritón, obra del portugués Manuel Pereira (1588-1683), fue colocada en el año 1640.
Poco tiempo después, fue sustituida por una estatua de un varón desnudo, que suele identificarse con Endimión, un cazador de Asia Menor, que recibió de Zeus la bendición del sueño eterno, para corresponder al amor de Selene, la diosa de la Luna.
Estatua original de Endimión. Museo de Historia. Fuente de la imagen: 'Arte y diplomacia de la monarquía hispánica en el siglo XVII', de José Luis Colomer, año 2003.
Poco se sabe del origen de esta pieza, aunque, dada su factura, se cree que pudo ser hecha en Italia en el siglo XVI y que llegó a Madrid de la mano del citado comerciante Ludovico Turchi.
Mide apenas 135 centímetros de alto y presenta diferentes niveles de relieve en la parte delantera y en la trasera, ésta última mucho más plana. Ello hace pensar que fue concebida para ser vista únicamente de frente y que tal vez iba a ocupar el interior de una hornacina.
A mediados del siglo XIX, se tomó la decisión de derribar la Fuente de Endimión. La escultura consiguió salvarse de la piqueta y, en 1850, fue llevada al barrio de Lavapiés, para decorar una fuente de nueva construcción, que también ha desaparecido.
Según la descripción de Felipe Monlau, realizada ese mismo año, ésta disponía de "cuatro caños, treinta y cinco aguadores y treinta reales de agua del viaje del Abroñigal Bajo" y lucía "la linda estatua del pastor Endimión que había antes en la Fuente de la Puerta de Moros".
La Fuente de Lavapiés, en una fotografía de Alfonso Begué del año 1864. La estatua de Endimión ya llevaba catorce años en este emplazamiento.
En la actualidad, la escultura de Endimión forma parte de la colección del Museo de Historia (antes, Museo Municipal), donde también se encuentra una figura femenina de aire clasicista, que muchos identifican con la Abundancia que presidió la antigua fuente del mismo nombre, en la Plaza de la Cebada.
Poco se sabe del origen de esta pieza, aunque, dada su factura, se cree que pudo ser hecha en Italia en el siglo XVI y que llegó a Madrid de la mano del citado comerciante Ludovico Turchi.
Mide apenas 135 centímetros de alto y presenta diferentes niveles de relieve en la parte delantera y en la trasera, ésta última mucho más plana. Ello hace pensar que fue concebida para ser vista únicamente de frente y que tal vez iba a ocupar el interior de una hornacina.
A mediados del siglo XIX, se tomó la decisión de derribar la Fuente de Endimión. La escultura consiguió salvarse de la piqueta y, en 1850, fue llevada al barrio de Lavapiés, para decorar una fuente de nueva construcción, que también ha desaparecido.
Según la descripción de Felipe Monlau, realizada ese mismo año, ésta disponía de "cuatro caños, treinta y cinco aguadores y treinta reales de agua del viaje del Abroñigal Bajo" y lucía "la linda estatua del pastor Endimión que había antes en la Fuente de la Puerta de Moros".
En la actualidad, la escultura de Endimión forma parte de la colección del Museo de Historia (antes, Museo Municipal), donde también se encuentra una figura femenina de aire clasicista, que muchos identifican con la Abundancia que presidió la antigua fuente del mismo nombre, en la Plaza de la Cebada.
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La serie "Buscando los restos de las primeras fuentes barrocas" consta de estos otros reportajes:


Hola Jesús, comparto contigo el dolor por la destrucción de esas fuentes monumentales, es una verdadera pena. Gracias por recordarnos lo poquito que aún podemos ver (sobre todo si alguna vez vuelven a abrir el Museo Municipal).
ResponderSuprimirsaludos
Precioso y preciso artículo Jesús, de tu serie de fuentes, pero al ver las imágenes de estas joyas que ya no adornan nuestra ciudad, me entran los siete males.
ResponderSuprimir¡Qué afán de destrucción!
Nos acompañamos en el sentimiento.
Un abrazo.
Hola Jesús, me adhiero al lamento general que nos está provocando esta serie de fuentes barrocas desaparecidas. Que pena de Neptuno del genial Pereira totalmente missing!!!
ResponderSuprimirAbrazos.
Gracias Mercedes. De mucha pena, es verdad. Fue uno de los primeros planes de embellecimiento de la ciudad y es que no nos queda nada... ¡Qué triste!
ResponderSuprimirUn abrazo, Jesús
Hola Manuel. Todas esas fuentes se fueron sacrificando porque obstaculizaban el tráfico, porque llegó el Canal de Isabel II o porque no estaba bien visto el bullicio que los aguadores provocaban alrededor de las fuentes! ¡¡Ninguna razón de peso para justificar tamaño destrozo!!
ResponderSuprimirUn abrazo, Jesús
Hola Antonio:
ResponderSuprimirEs verdad. Manuel Pereira desarrolló la mayor parte de su carrera en Madrid y, proporcionalmente a sus años de trabajo, qué poquito conservamos en la ciudad de su obra. En efecto, hubiese sido fantástico que hubiese llegado a nuestros días una escultura suya ¡de tema mitológico!
Un abrazo, Jesús
Jesús, lo que yo decia en otro comentario sobre la desidia de los ediles madrileños, y la falta de interes en el patrimonio historico de nuestra ciudad, se demuestra con estas cosas.
ResponderSuprimirMe ha encantado la historia de estas fuentes, que al menos asi siguen en nuestra memoria.
Gracias y un abrazo.